“Ahora tenemos un Plan Nacional de Vivienda. En el pasado, las únicas viviendas que se construían eran para los ricos o quienes podían pagarlas en efectivo. La clase media, media baja terminaba en las viviendas sociales y para los pobres no había nada”, había celebrado Rogelio Frigerio, Ministro del Interior, a fines de junio, antes que la furiosa corrida cambiaria -con un dólar a casi 28- acelerara la crisis. El sueño de la casa propia es una zanahoria para los sectores populares que se fue alejando desde la irrupción de la última dictadura militar hasta la actualidad. 

Es así que el macrismo sacó pecho del lanzamiento de los créditos UVA. Y tenía con qué: el 2017 tuvo la mayor recuperación de variación interanual de préstamos hipotecarios con 13668 millones de pesos, el valor más alto desde el 2011 -cuando se dio una abrupta caída-. En el 2017 se sumaron 58100 deudores a un total de 210 mil, llegando a niveles del 2013 según datos del Banco Central de la República Argentina. Sin embargo, algunas voces alertaban sobre los peligros de esta modalidad en el caso de que ocurriese todo lo que finalmente ocurrió en el plano económico.

Uva, uva, hacete deuda para mi

Es por eso que desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) publicaron el informe Créditos Uva: Análisis del impacto de la inestabilidad cambiaria. Lucas Villani, economista y uno de sus autores, analiza los obstáculos que tienen que afrontar las personas que hoy están en la danza del UVA: “El riesgo es que el valor de la cuota se acreciente de forma acelerada cuando sabemos que los salarios no acompañan exactamente a las actualizaciones de la inflación, por lo general van por abajo. Como decía (Juan Domingo) Perón: ‘los precios van por el ascensor, los salarios van por la escalera’. En ese contexto es posible prever que se pueda ir deteriorando la capacidad de pago los prestatarios”.

También advierte sobre las variaciones porcentuales que se dan sobre los montos nominales en un sistema que no está atado directamente al dólar, pero sí a la inflación que es empujada por la devaluación y que genera el efecto de aumento constante del monto adeudado. Villani saca sus papeles y hace cuentas: “De un crédito de abril 2016, la cuota que era de 5353 pesos en abril del 2018, pasa a 8600 aproximadamente, y en agosto de este año se fue a 9500. Ese mismo crédito, en el Banco Nación, si hubiese sido desde el inicio 14123 pesos, con una tasa fija durante tres años de plazo, hoy seguirías pagando lo mismo”, explica. Si la expectativas inflacionarias del Banco Central fuesen ciertas, a fin de año la cuota del UVA terminaría convergiendo con la del crédito tradicional. El último informe del Colegio de Escribanos da cuenta de cómo la inestabilidad económica ha desalentado la adquisición de los UVA. La comparación interanual de agosto indica la caída de un 60 por ciento en operaciones con este tipo de crédito.

La bancarrota se socializa, la ganancia se privatiza 

Cuando a Villani se le pregunta sobre qué rol juega el Estado, no duda y dispara: “Favorece al sector financiero. Si el crédito tradicional hubiese sido la única vía de otorgar créditos o se hubiese bajado la tasa de interés de los créditos tradicionales, para que tengan una cuota baja y pueda ser accesible, hubiese repercutido en una pérdida de capital para los bancos”. En ese sentido menciona la reciente Ley de Financiamiento Productivo, a través de la securitización de los créditos hipotecarios, como una herramienta a pedir del sistema bancario, que permite a las entidades financieras puedan deshacerse de las hipotecas en un mercado de deudas. Que los bancos corran menos riesgos a la hora de prestar dinero “podría impactar en los precios de los inmuebles, generando una burbuja”. “De hecho ya venían aumentando los precios de inmuebles y a través de la securitización hay un mayor incentivo de los bancos para prestar y al mismo tiempo deshacerse de los créditos, con lo cual eso puede hacer más riesgoso al sistema, porque podrían estar otorgando créditos a gente que no tiene mucha capacidad de pago”, observa Villani, aunque no considera que se pueda dar una crisis similar a la de Estados Unidos, en el 2007, que funcionó como detonante de la actual crisis mundial.

Si se menciona el rol que cumple el Estado respecto al sistema crediticio, no se puede dejar de mencionar el papel dinamizador de la economía que cumplen los créditos Procrear en cuanto a las soluciones habitacionales. Según los datos que brinda el BCRA, en el 2012 el 13, 9 por ciento de los créditos fueron destinados a la construcción de viviendas. En el 2017, ese porcentaje bajó a un 3,1 por ciento y resta el informe anual de este año para tener mayores certezas sobre este proceso. La falta de construcción de vivienda puede sumarse como otro factor determinante de la burbuja de precios, al bajar oferta sobre la venta.

Cuando al integrante de CEPA se le pregunta sobre si hay antecedentes en otros países que hayan fomentado este tipo de crédito, pone de ejemplo a Chile: “Anduvo bien, pero hay una condición fundamental, que es que primero lograron estabilizar la inflación. Chile adopta un esquema en 1991, que le llevo tiempo estabilizar, no fue enseguida y posteriormente a la estabilización, aplicaron estos tipos de créditos”. Volviendo al escenario de Argentina, “si uno convalida y todo el mundo sabe que hay una relación entre depreciación de la moneda e inflación, al actualizarse estos créditos, y el monto adeudado, la devaluación, mas en un país con restricción interna, pueden acelerar esos procesos inflacionarios y agravar el problema de los créditos que se ajustan por inflación”, concluye Villani.