No, Scarlett. Está claro que ese papel no es para vos. Y no, no lo digo porque desconfíe de tu capacidad actoral que es impresionante. Sino porque verte actuar de un hombre trans me hace acordar a cuando mi mamá me llenaba de corcho la cara para disfrazarme de “la negra que vende empanadas” en los actos del 25 de Mayo, -personaje mitológico de la génesis argentina si los hay, que en ningún momento cuestiona aquello que representa-.

Me hace acordar a las películas de Hollywood donde el protagonista es una persona gorda, pero en vez de contratar a un verdadero actor gordo, contratan a uno hegemónico y le ponen un traje de gomaespuma, porque pareciese que ver gordura real en pantalla sería demasiado para les espectadores.

Me hace acordar a “La Fiesta Inolvidable”, esa comedia de 1968 sobre un actor hindú mega torpe que, por error, es invitado a una fiesta exclusiva en Hollywood. Este filme no fue protagonizado por un indio, sino por un inglés, Peter Sellers que, además, se ganó el reconocimiento del imperio británico.

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¿Se imaginan que la situación fuese al revés? ¿Que un indio se pinte la cara de blanco para interpretar a un actor caucásico y que la película fuese un clásico? Yo no. Y eso es porque los actores blancos, cisgénero y hegemónicos tienen el privilegio de protagonizar los papeles que quieran, incluso aquellos que corresponden a otras etnias.

Esta práctica no es nueva: tiene un nombre y se llama “WhiteWashing”, que significa básicamente “lavar” la diversidad étnica en Hollywood dándole papeles de personajes negros, asiáticos, hispanos o de etnias diversas a actores o actrices blancas.

Scarlett, que ahora está en el centro de la polémica, ya hizo esta práctica el año pasado, en “Ghost in the Shell: El alma de la máquina”, una película donde interpretó a un personaje asiático que, finalmente, fue un fracaso de taquilla, -en parte por la elección de casting-.

Algo está claro: Hollywood es un negocio que necesita del Star-System para apalancarse, pero el público no se va a quedar callado. Los tiempos están cambiando; frase trillada si las hay, pero adecuada para este contexto: los espectadores ya no consumen cualquier cosa que les sirvan en la mesa. Aunque esta controvertida práctica siga vigente, los grandes estudios no son inmunes a la lluvia de críticas que nace en las redes sociales y que se traslada, cada vez más rápido, a los medios hegemónicos.

Eso mismo está pasando ahora; y una vez más, es Scarlett Johansson la que está en el centro de la polémica. En este caso, por quedarse con el rol de Dante “Tex” Gill en su biopic.

Dante Gill

Dante, que murió en el 2003, fue durante los 70’s y 80’s un hombre transexual vinculado a la mafia. Un papel perfecto para un actor trans que, sin embargo, terminó en manos de una actriz cisgénero blanca y hegemónica, como suele pasar. Porque no es la primera vez que un actor o actriz cisgénero se queda con el papel de un personaje trans: pensemos en Eddye Redmaine en La Chica Danesa; Jarded Letto en su papel como transexual, que le valió un Oscar; o Felicity Huffman, en Transamerica; o hasta en Jeffrey Tambor, en Transparent, que reconoció que ojalá nunca más le den papeles de personas trans a actores cis: “Denles a los transexuales una oportunidad. Denles audiciones. Devuélvanles sus historias. Me quedaría contento si soy el último actor cisgénero que interpreta un papel transexual”, pidió el actor. Hasta el momento, no le han hecho mucho caso.

No es cuestión de talento, es cuestión de visibilidad

Acá lo que se está cuestionando no es la capacidad interpretativa de Redmaine, Huffman, Leto o Johansson, sino el hecho que les actorxs trans solo acceden a papeles de personajes trans, y ni siquiera tienen privilegios sobre ellos, porque en muchos casos, estos roles terminan en manos de actores y actrices cisgénero. Por eso, no es de extrañar que las personas que integran el colectivo trans y toda la disidencia en su diversidad, exijan que sus vidas sean contadas por personas que hayan atravesado sus mismas experiencias: la visibilidad también es una lucha de poder.

Las actrices y actores trans ya manifestaron su opinión: “¿Así que ustedes pueden seguir interpretándonos pero nosotros a ustedes no? Hollywood está tan arruinado”, tuiteó Trace Lysette, actriz de la serie “Transparent”. Jamie Clayton, de Sense8, señaló que “los actores que son trans nunca llegan siquiera a audicionar para otra cosa que no sean personajes trans. Ese es el verdadero problema”.

El feminismo será interseccional o no será

Scarlett, que además es la productora del filme, encendió aún más la polémica pidiendo que quienes la critiquen, también les manden sus comentarios a “Jeffrey Tambor, Jared Leto y Felicity Huffman”, que ya han interpretado a transexuales.

En varias oportunidades Scarlett Johansson se pronunció como feminista, y cuestionó la brecha salarial en Hollywood. Pero que no tenga en cuenta la opresión y la desventaja que sufren en la industria del espectáculo sus colegas trans, pone de manifiesto que su feminismo no es inclusivo, y por eso, es deficiente. Al no darse cuenta de sus privilegios como mujer cis y hegemónica, pisotea y se lleva puesta la lucha de un colectivo que está haciendo un esfuerzo por ganar la legitimidad, la validez y la inclusión que se merece  y que, además, tanto tiempo le ha sido negado, incluso dentro del movimiento feminista.

El futuro no es femenino, es interseccional: como dice esta poeta, el futuro es negro, el futuro son las mujeres musulmanas, el futuro son las mujeres trans. Las mujeres blancas y cisgénero no somos las protagonistas exclusivas y excluyentes de este movimiento, y registrar nuestros privilegios no es desvalorizar nuestra lucha, es levantar las banderas de un feminismo inclusivo y diverso, que tiene en cuenta las distintas desigualdades que operan dentro de él. El feminismo será disidente o no será; el feminismo luchará por demoler las desigualdades de todes les oprimidas por el patriarcado, -mujeres, lesbianas, travestis, personas no binaries y trans- o no será. Y ahora que estamos juntes, y ahora que sí nos ven, es importante que actuemos en consecuencia. Porque para no registrar privilegios, ya tenemos a los machos.

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