Horacio Verbitsky abría su columna “Sin pueblo en la calle no hay juez que valga” con un: “No depusieron en forma ilegal a Dilma Rousseff para devolverle la presidencia a Lula, es la conclusión de la tormentosa jornada del domingo 8, en que un juez dispuso dejar en libertad al ex Presidente, pero luego de intrincados recursos y gestiones la orden no se cumplió.” 

El progresismo, ya sea por exitismo o como mera expresión de deseo manifestaba: “Lula preso se convierte en héroe, muerto se convierte en un mito, vivo es presidente”. ¿Recuerdan? La misma derivaba de lo manifestado por el mismo Lula: “Si me matan, seré mártir. Si me detienen, seré héroe. Si me dejan libre, seré presidente otra vez”. ¿Un…“las ideas no se degüellan” rediviva? ¿Y el cuidado del cuerpo? ¿Su respeto y protección? Además convengamos de que no hay necesariedad para que las cosas se desenvuelvan dentro de estos tres términos. Existen otras fórmulas y posibilidades.  

Si se tratara de escoger fórmulas que capturen el destino del Brasil me quedaría con aquella que dice así: “Lula vivo, libre y presidente”. Es más sencilla y apela a un “más acá”, no aspira a reivindicaciones en un “más allá”. Ni héroes, ni mártires, tampoco mitos: presidentes.  

En la Argentina nos encontramos discutiendo sobre cómo nominar a la derecha gobernante. Una “nueva derecha democrática” anticiparon algunos, dado que accedió al poder a través de elecciones libres. Por lo menos, un tanto arriesgada la conceptualización. Trasplantada al Brasil, ¿qué nos manifestaría la misma? En primera instancia, se daría de bruces con su burguesía local que a diferencia de su par argentina, accedió al poder mediante los hoy en boga “golpes blandos”. En tal caso, ¿la llamamos moderna pero no democrática? Dicha tipología (moderna y no-democrática) ¿alcanza para diferenciarla de aquella que en 1964 acudió al “golpe duro” para derrocar João Goulart?   

Más allá de dicha discusión, lo cierto es que en ambos países, luego de gobiernos y experiencias políticas que se decían transformadoras, la derecha es gobierno. Si en Brasil les bastó con un “golpe (blando)”, en la Argentina sencillamente acudieron a las urnas. Si en Brasil se “tolera” un golpe de la derecha, en la Argentina se la vota (y dos veces). ¿Y por qué ello? 

Por ahí, la clave para entenderlo, se encuentra en lo manifestado por el propio Luiz Inácio Lula da Silva, en su discurso frente a la C.U.T (Central Única de los Trabajadores), momentos previos a entregarse a la policía: (26:40): “Yo no estoy por encima de la Justicia. Si no creyera en la Justicia, no habría hecho un partido político. Yo habría propuesto una revolución en este país.”   

Hoy, la candidatura de Lula pende de un hilo. Una decisión judicial y/o el pueblo en las calles que empuje a la misma. Esperemos que Lula no se haya equivocado en haber depositado su confianza en la Justicia. De lo contrario, se sellará el destino político de Lula y el PT, volviéndose manifiesto que aquello en donde no se pudo, quiso o supo avanzar, más tarde o más temprano se vuelve en contra.  

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