Cuando la situación económica compromete y hace tambalear a la clase media, los más vulnerables, aquellos que no tienen garantizado el plato de alimento ni un techo que los cobije, quedan al amparo del Estado, de una mano solidaria, o en la total miseria. Gente revolviendo la basura, mujeres con chicos esperando los desechos de un local de comida chatarra, viejos durmiendo en un cajero o una plaza. Postales lamentables que nunca desaparecen, y que en los últimos años se han multiplicado.  

Se estima que en la ciudad de Buenos Aires la cantidad de personas en situación de calle creció un 30 por ciento este año en relación a 2017. Así lo reflejan las organizaciones que asisten a los sin hogar, desde donde afirman que actualmente más de 7300 habitantes han caído en la misma problemática. Los datos oficiales, sin embargo, son muy diferentes. El censo del GCBA contabilizó a 1091 personas sin vivienda, apenas 25 más que el año pasado, cuando el conteo popular realizado por las organizaciones reflejó un total de 5872 personas.

A través de un comunicado conjunto, diversas agrupaciones que se ocupan de asistirlos denunciaron que los datos que maneja el GCBA son falsos, y aseguran que el sondeo es “superficial” y fue elaborado con “serias irregularidades”. En junio de este año, la jueza Elena Liberatori del Juzgado N° 4, del fuero Contencioso Administrativo, falló en contra del diagnóstico y la metodología adoptada por el Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta para realizar sus conteos, dejando en evidencia que el GCBA, en los años 2016 y 2017, llevó adelante conteos fuera de la ley, tratando de esconder la verdadera cantidad de personas en situación de calle o en riesgo de estarlo.

Horacio Ávila sabe de los que habla. Vivió siete años en la calle, fundó hace 18 la ONG Proyecto 7 junto con otros compañeros en la misma situación, y hoy gestiona tres centros de integración: el Monteagudo, el Frida (para mujeres), y el Che Guevara, un espacio cultural orientado al desarrollo y el esparcimiento de la gente en situación de calle.

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Horacio Ávila, fundador de la ONG Proyecto 7. Foto: El Grito del Sur

Hoy advierte un crecimiento exponencial en la cantidad de familias o personas solas sin hogar que llegan a esos centros, especialmente mujeres con chicos y personas trans. En una entrevista con Contratapa, describe el panorama actual con alarmante preocupación por sus similitudes con lo que se vivió en 2001, y cuestiona la falta de políticas serias y sostenidas por parte del Gobierno porteño.

– ¿A qué se debe semejante diferencia entre los relevamientos oficiales y los de las organizaciones sociales?

Nosotros incluimos a los que están en los dispositivos que el Gobierno tiene como albergues. Porque para nosotros están en situación de calle, no tienen la problemática resuelta, sino una solución temporal. Es un día a día, no tenés un lugar asignado permanente ni nada que mantenga tu lugar.

– ¿Cómo fue el trabajo del año pasado y de qué manera lo fueron actualizando?

Nosotros en el censo que hicimos, y en el trabajo que hacemos habitualmente, tenemos dividida la ciudad en 15 comunas con 47 barrios. Lo que hicimos fue hacer un sondeo de la gente nueva que se fue comunicando, más la gente que se acercó a los centros, y que relevamos en la calle. En este momento estamos hablando de cerca de siete mil.

– ¿En qué falla el censo de la ciudad?

No es un censo, es un conteo. Es una problemática en la que todo el tiempo la gente se está moviendo, porque los expulsan, por los horarios o lo que fuera, van dejando los lugares. Si vos vas al mediodía, cuando la gente va a los lugares en los que puede comer algo, obviamente no vas a encontrar a nadie. El censo del año pasado – y creo que el de este año también – se hizo un día de lluvia. La rotación que hay en esos días es impresionante, porque la gente busca un lugar donde no mojarse. A su vez, ellos lo hacen en un horario entre las 20 y la una de la mañana. Es una franja horaria muy limitada, donde la gente se está moviendo para comer. Además lo hacen con muy poco personal y no recorren toda la ciudad, van a lugares muy específicos y los barrios periféricos prácticamente no los tocan.

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– ¿Cuál es la zona donde más cantidad de gente en situación de calle encontraron?

La comuna 1. San Telmo y San Cristóbal tienen un montón de gente. La comuna 4 también, La Boca, Barracas. Pero donde más se concentran es en San Telmo.

– ¿Qué tipo de particularidades o razones encontraron al hablar con estas nuevas personas?

Nos encontramos con mucha cantidad de familias. Muchas mamás solas con chiquitos también. La pérdida de trabajos en negro, mujeres que trabajaban en casas de familia que ya no les pueden pagar, la gente que vive de changas y oficios como pintura, albañilería y demás, con lo que sostenían mínimamente un alquiler, que se fue cayendo.

A su vez, todo lo que tiene que ver con el precio de la comida, que ha aumentado muchísimo y no lo digo yo, lo dice el Indec. Eso y el incremento de los servicios, hace que las personas que mínimamente podían sostenerse ya no lo puedan hacer más. No es gente que estuvo un tiempo en situación de calle, salió un tiempo y volvió. Son personas que nunca estuvieron viviendo en la calle. Es una nueva realidad, una realidad como la del 2001. Hay imágenes que son muy de esa época, la gente comiendo de la basura, gente esperando en la puerta de los Mc Donald’s para ver qué puede comer. Hay imágenes no del cartonero organizado en cooperativas y demás, sino del tipo que sale con la bolsa del supermercado  a ver qué puede rescatar para vender porque con eso puede comprar pan y leche para los pibes.

– ¿Qué te pasa al ver esas imágenes?

Hacía mucho que yo no veía eso. Uno tiene la visión de la calle quizás un poco diferente a otros, está más focalizado en la supervivencia, no en lo que está bien. Desde ahí uno puede apreciar imágenes que otros quizás no se dan cuenta naturalmente. Se ven muchos pibes pidiendo en la calle. En los subtes es una sucesión de uno tras otro, los que venden, los que piden, cada 5 segundos tenés a alguien tratando de hacer un mango.

– ¿Este aumento en qué momento lo notaste particularmente?

El año pasado, lo reconoció el Gobierno, hubo un aumento del 20 por ciento. Diferimos sobre qué se aplica, pero lo reconocieron. Lo que pasa es que en este último semestre se profundizó muchísimo. Ayer justamente me llegaron mensajes de tres amigos, gente conocida, que se habían quedado sin laburo. También es gente que alquila, no tiene una propiedad. Y no sabe cómo va a seguir pagando el lugar en el que está viviendo.

Hay que tener que cuenta que los alquileres aumentaron un 35 por ciento en la ciudad. Un monoambiente hoy en la ciudad está alrededor de 10 mil pesos. Y no le sumamos expensas, ni servicios ni nada. Para cubrir eso tenemos que estar hablando de una familia, sin que le sobre nada, que debería estar ganando 30 mil pesos por mes.

– ¿Cómo evaluás el funcionamiento de los distintos dispositivos del gobierno porteño para evitar la problemática?

No hay una política pública que se esté aplicando en ese sentido. La ley 3706 (“de protección y garantía integral de los derechos de las personas en situación de calle y en riesgo a la situación de calle”) es muy clara. No se puede elegir si se aplica o no se aplica. Pero siempre vemos los mismo: llegan las temperaturas bajas y el Gobierno sale a hacer un circo enorme. Me molesta muchísimo que salgan a decir que están contentos porque gracias a ellos la gente puede comer un plato de comida caliente. La verdad que es deprimente que el jefe de Gobierno de la ciudad más rica de la Argentina se conforme, como representante del Estado, que son los que tienen que solucionar los problemas sociales, con poder repartir un plato de guiso caliente. Eso lo puedo hacer yo, lo podés hacer vos juntándote con amigos. Debería dedicarse a algo relacionado a la solidaridad, no a la gestión. La gestión está para resolver, no para asistir en determinados momentos.

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Del 1° de junio al 31 de agosto la Ciudad implementa el Operativo Frío. A través de los equipos de Buenos Aires Presente (BAP) se refuerza el trabajo de asistencia en calle con equipos móviles que recorren la Ciudad.

– ¿En qué aspectos creés que el Gobierno inclumple la ley?

– La ley dice que los lugares tienen que estar abiertos las 24 horas, los 365 días del año. Eso no pasa ni siquiera en el invierno. La gente hace cola, entra a la tarde, pasan la noche y a la mañana los sacan para afuera. No hay políticas integrales, que atiendan a la educación, la capacitación laboral…

– Tampoco se crearon nuevos espacios…

No. La situación de las mujeres trans, por ejemplo, es muy complicada. Nosotros somos los únicos que estamos recibiéndolas en el centro Frida. El Gobierno abrió un lugar muy chico pero solo ingresan 12 mujeres. La verdad que la cantidad de mujeres trans que hay en situación de calle es enorme. Algunas con situaciones de salud muy complejas, tienen promedios de vida muy bajos. En los lugares que son para mujeres no se les permite el ingreso, tampoco en los de hombres. La visión del Estado sobre determinadas situaciones es cortita y cuadrada. No pudo adaptarse en relación a la transformación social que hubo. Evidentemente no están preparados para la diversidad.

– ¿Qué ocurre en los meses de invierno?

Cuando llega el invierno aparece todo, mientras que el resto del año no hay nada. En realidad tienen que trabajar todo el año para llegar al invierno de la mejor manera posible. El Operativo Frío (del GCBA) actúa solamente cuando la temperatura es menor a 5 grados. Hasta 5 grados pareciera que dormir en la calle es perfectamente maravilloso para cualquiera.

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Maximiliano Corach, subsecretario de Fortalecimiento Familiar y Comunitario, se muestra en las redes sociales encabezando el Operativo Frío.

– Hace unos días supimos de la muerte de Walter García, el hombre de 33 años que falleció en las puerta de la sede del BAP (Buenos Aires Presente) ¿Qué sabés de él? ¿Qué pudo haber pasado?

Walter sufría la situación que padecimos muchos. Problemas familiares, una separación. La calle te chupa. Seguramente intentó salir más de una vez y no pudo. Estuvo así más de 15 años y murió de cirrosis según el parte médico. Siempre se pone en los fallecimientos de personas en situación de calle “muerte natural”. Obviamente un paro cardíaco es una muerte natural. Significa que no hubo un hecho de violencia. Pero no tiene nada de natural que alguien muera de cirrosis en la calle después de estar tanto tiempo sin que nadie le preste atención o ayude a que esa persona pueda hacer algo con lo que le pasa.

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