En una insólita decisión, el gobierno de Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, resolvió unilateralmente reconocer a la ciudad de Jerusalén como capital de Israel y mudó allí su embajada, a pesar del fuerte rechazo de casi toda la comunidad internacional. Se trató del gran triunfo político del gobierno de Benjamin Netanyahu en su intento por tratar de legitimar de una vez por todas, la ocupación ilegal que lleva adelante el Estado israelí sobre el territorio palestino desde hace 70 años.

Y casi como broche de oro para ese objetivo, se organizó un partido de fútbol entre la selección argentina y su par israelí. El plan, con el aval del gobierno de Mauricio Macri, era ver al mejor jugador del mundo patear la pelota en el estadio de la flamante “capital” hebrea. Pero no todo salió como se esperaba: por decisión de los propios jugadores argentinos, el juego amistoso que se iba a disputar este sábado a pocos días del inicio del Mundial de Rusia fue cancelado.

El feroz ataque de los sectores más conservadores, tanto políticos como mediáticos, contra la AFA y el propio seleccionado no se hizo esperar. Para muchos, la decisión de no disputar el partido era un “papelón” que sólo atendía a las presiones de Palestina y de los sectores más fundamentalistas del Islam, además de incumplir con un acuerdo firmado de antemano con Israel. Las presiones para que el juego se llevara a cabo vinieron desde los lugares más poderosos del establishment mundial pero no hubo caso: la decisión estaba tomada y el cotejo fue suspendido.

argentina macri

El propio Netanyahu llamó a Macri para que intercediera pero el mandatario argentino le dijo que no podía hacer nada. Desde Presidencia también sostuvieron que “fue una buena comunicación” y que la decisión fue de los jugadores “en solidaridad con Messi” por las supuestas amenazas de sectores radicales palestinos. Incluso, la Federación de Fútbol de Israel dijo que impulsará un reclamo ante la FIFA para pedir la suspensión internacional de la Argentina por “discriminación religiosa”.

Según explicó el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, “lo vivido en las últimas 72 horas, las acciones, las amenazas, nos han llevado a tomar la decisión de no viajar”. “Mi responsabilidad es la de bregar por la salud y la integridad física de toda la delegación y en mi función tomé esta decisión”, dijo en una breve conferencia de prensa para explicar la cancelación del evento.

La historia se repite pero no es igual

Faltaban pocos meses para que comenzara la Copa América 2001 en Colombia. Aquel país atravesaba por entonces el punto más álgido del conflicto armado entre el Estado y el grupo terrorista de las Fuerza Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En ese marco se iba a disputar el certamen más importante a nivel continental para las selecciones y Argentina (sumida en una grave crisis económica que fue el preámbulo del estallido social de diciembre de ese año) decidió bajarse de la competencia. Las autoridades de la AFA, encabezada entonces por Julio Grondona, adujeron que las medidas de seguridad impedían que se pueda convocar a los jugadores para disputar el campeonato. Finalmente no lo hizo y su lugar lo ocupó Honduras, que a la postre sería la sorpresa del certamen quedándose con el tercer lugar. Colombia, ganó el torneo.

Se habló en un principio de boicot contra Colombia y se suscitó un cortocircuito entre la Federación cafetera y la AFA. El hecho se vio potenciado por el secuestro del vicepresidente de la FCF, Hernán Mejía, el 26 de junio de 2001, lo que llevó a la Confederación Sudamericana (Conmebol) a suspender el torneo. El presidente de la Confederación Brasileña, Ricardo Texeira, presentó oficialmente la candidatura de su país para organizar la Copa del 2001 en el menor tiempo posible. Rápido de reflejos, el presidente colombiano de ese momento, Andrés Pastrana, encabezó el comité organizador para dar muestra de confianza y pidió a la Conmebol que reconsiderara la decisión. Hubiera sido para su administración un duro golpe.

CORRIGE FOTÓGRAFO BAS85. BUENOS AIRES (ARGENTINA), 29/05/2018.- Jugadores de Argentina y Haití hoy, martes 29 de mayo de 2018, antes de un partido amistoso en el estadio Alberto J. Armando "La Bombonera" de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni
CORRIGE FOTÓGRAFO BAS85. BUENOS AIRES (ARGENTINA), 29/05/2018.- Jugadores de Argentina y Haití hoy, martes 29 de mayo de 2018, antes de un partido amistoso en el estadio Alberto J. Armando “La Bombonera” de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni

Las FARC liberaron al directivo 72 horas después, lo que facilitó que finalmente se pudiera disputar el torneo. Finalmente, Colombia obtuvo el respaldo necesario y el evento se concretó con absoluta normalidad. “Quitarle a Colombia la Copa es el peor de los atentados”, advirtió el mandatario en un discurso televisado. Una vez superada la incertidumbre, la organización respetó la decisión de la AFA y prácticamente dejó que el tema muriera ahí. El país caribeño no hizo ningún tipo de acción contra Argentina ni acusó sentirse “discriminada”.

La grave situación de orden interno de Colombia justificó la decisión de la Argentina de no participar. Como de la misma manera se justifica que en esta oportunidad no juegue en Jerusalén. Medio Oriente atraviesa uno de los momentos más tensos de los últimos años y llevar a la selección por un partido amistoso en ese contexto hubiera sido innecesario y hasta peligroso. La diferencia en esta oportunidad es el fenomenal lobby a favor de Israel y en contra de la selección de Messi que superpone sus intereses geopolíticos por sobre la seguridad de los jugadores. En 2001, más allá de ciertas críticas, no pasó nada.

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