Tengo un vecino que me apunta con el dedo. Así, con el índice extendido, cómo haciendo una pistolita con la mano. Todos los días me recibe igual: a los balazos. Es su manera de saludar. Cuando me acerco a devolverle la bienvenida, medio herido, medio chorreando sangre, como para demostrarle que me duele, me pregunta: ¿Cómo andas, flaquito, cogiste hoy?

La pregunta tiene sus variantes, claro. No siempre es coger, puede girar en torno al garchar o al “¿La pusiste anoche?”. Cuando se levanta romántico me tira un “¿hiciste el amor?”. Invariablemente le digo que no. Para él soy como una suerte de negado sexual, por eso, lo que no varía es su respuesta, que siempre, absolutamente siempre, es la misma: “no la pones nunca vos, sos puto, flaquito, sos puto”.

Me cuesta entender la relación entre la falta de gimnasia sexual y la homosexualidad. Le di varias vueltas al asunto y sigo sin comprenderlo. De todos modos eso a él no le importa. Lo que realmente le importa es coger. O la cantidad de veces que lo haga. Por eso, su respuesta cuando contrapregunto no siempre es la misma, lo que varía es el número: “tres, tres me eché”. En días malos puede cambiar y responderme “unito nomás”.

El tipo siempre la pone, pienso que debe ser un mentiroso o una suerte de semental. Pienso en mi vecina, también, y pienso si ella querrá. Decidí sacarme las dudas: una mañana cualquiera salí a la calle, esquive sus balazos y, tras saludarlo y antes de responder con un “no”, le pregunté: “oiga vecino, ¿la patrona siempre quiere? Y en el caso de que no quiera, ¿Usted qué hace? A modo de toda respuesta, esbozó un “La pongo igual”.

Esa mañana me fui angustiado. No por mi falta de ejercicio sexual, sino por la naturalizacion del sometimiento hacia mi vecina. Por eso a la noche, cuando regrese y vi a mi vecino en la vereda hice una pistolita con los dedos y me agazapé contra la pared. No quería que me viera. Cuando lo tuve cerca, bien a tiro, vi su cara de sorpresa. No me esperaba. Puse firmes mis dos brazos, sujete entre mis dedos la pistolita y jale del gatillo: “¿Cómo anda vecino, hoy también se violó a su mujer?”.

 

El autor, Santiago Menconi, es trabajador de la línea 60 de colectivos y activista gremial. 

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