La diferencia creciente que marcan las encuestas entre Andrés Manuel López Obrador y sus inmediatos seguidores en la puja presidencial que México se dispone a afrontar, está provocando enorme preocupación en el establishment de esa nación y en el propio mandatario estadounidense Donald Trump que contempla azorado una situación que parece írsele de las manos. Si bien la reacción parece exagerada –AMLO como se lo conoce popularmente no es ni mucho menos un izquierdista radicalizado- las características heterogéneas de las organizaciones que apoyan su candidatura pueden abrir una brecha en la blindada estructura montada por los partidos políticos tradicionales.

Pase lo que pase –y lo más probable es que se vuelva a recurrir por tercera vez al fraude electoral o se fuerce un frente variopinto para detener el avance de AMLO- nadie espera que el futuro mandatario, sea quien fuere, esté en condiciones de revertir el hecho de que México sea, junto a Guatemala,  uno de los peores países latinoamericanos en materia de equidad social. Según la organización humanitaria Orfam, reducir la brecha entre los más pobres y los más ricos llevaría nada menos que 120 años.

El Informe Latinoamericano sobre Pobreza y Desigualdad 2017, realizado por el Centro Latinoamericano por el Desarrollo Rural, demuestra que solo el 57% de los municipios del país tienen una cantidad adecuada de médicos. En cambio más de 1.100 poblados cuentan con menos de un médico cada 100 mil habitantes. Además, creció la mortalidad infantil en 520 municipios. En materia educativa se ha detectado un incremento del analfabetismo. En  San Juan Achiutla, Oaxaca, por ejemplo, aumentó del 9 al 15%.

En lo que respecta al desempleo y participación laboral, el informe concluye que a pesar de que  en varios países latinoamericanos tuvo un balance positivo, contrastan los casos de México y Guatemala, donde los números son negativos. Por otra parte se reveló que en todos los sectores laborales la brecha entre hombres y mujeres es de 2,2 veces más puestos masculinos. Cabe agregar que en enero de este año, un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió que el desempleo y el empleo informal se incrementarán en 2018. Se estima que 15,5 millones de mexicanos deberán padecer la vulnerabilidad laboral, lo que implicaría que 200 mil personas se agregarán a los que viven en estado de zozobra y existe coincidencia generalizada en que más del 40% de la población –unos 50 millones de mexicanos- percibe ingresos inferiores al costo de la canasta alimentaria.

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