Antes de los libros revisionistas sobre la historia argentina, la visión de lo que ocurrió a lo largo de las más dos centurias de nuestro país estaba decididamente arraigada al canon de una serie de autores, como por ejemplo Bartolomé Mitre. Contar la historia desde otro paradigma es algo que viene dándose hace pocas décadas pero en nuestro país la publicación de “Los mitos de la historia argentina” y sus cinco tomos que sacó Felipe Pigna a partir de 2003 dio lugar a otra forma de pensar la historia de manera más atractiva y menos académica, aunque esa simplicidad lleva también a volúmenes un tanto particulares que parecen más páginas de chismes que de la formación de nuestra patria. Por eso, la publicación del primer tomo de “La historia argentina contada por mujeres” escrito por Gabriela Margall y Gilda Manso es un celebrado evento que merece ser leído. Las autoras se concentraron solamente en el testimonio de mujeres a través de la historia, pero esa empresa se encontraba con inconvenientes desde el principio. Las mujeres no solamente fueron relegadas de la historia argentina, sino que incluso su testimonio fue ignorado y al ser ignorado también desechado.

Sin embargo, ambas autoras decidieron tomar parte por el asunto y entregaron un libro que se destaca por una característica cuando menos interesante: no agregan ni quitan nada a los hechos que conocemos de la historia argentina, sino que ubica a las mujeres en el lugar que ocupaban dentro de la sociedad como partes indubitables para su comprensión total. La misma Margall dice que en el prólogo si la historia fue contada por los varones, entonces quiere decir que se contó la mitad de la historia.

Este volumen que es llamado “De la conquista a la anarquía” y que abarca desde 1536 hasta 1820 hace honor a aquellas mujeres que desde la humildad de sus cartas pidiendo reconocimientos y honores a sus maridos o bien dando cuenta del rol que tenían siendo productoras dentro del ámbito rural. Las autoras decidieron en principio contar cómo era la vida cotidiana de la mujer en la sociedad de los siglos XVII y XVIII, que muchas veces era representada por mujeres que perdieron a sus maridos en batallas y de las que desconocemos como fueron sus días después de las cartas que leemos en el libro.

Hacia el quinto capítulo las autoras empiezan a contar la historia tomando como base la opresión que la sociedad impuso a la Mujer a partir de características como la vestimenta y la imagen social, el papel estricto que tenía la Iglesia como único espacio de participación femenina, el parto y la reproducción, la violencia de género y el matrimonio.

Estos capítulos de escalofriante atemporalidad son sin dudas los más atractivos del libro. A partir del capítulo doce las autoras ponen a la luz la evidente información que las mujeres tenían de los históricos sucesos que ocurrían en nuestro país lo cual ejerce de crítica a la historia académica que prefirió relegarlas y no darles voz a los sucesos.

El libro finaliza cuando surge la crisis del año 1820 y la imposibilidad de formar un estado después de la caída del Virreinato del Río de la Plata, dando la pauta para esperar el segundo volumen y así conocer más sobre esa historia que no fue contada y que debe ser
escuchada.

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