juicio a la manada yo si te creo hermana
Nuestra manada

La llevaron entre cinco al hall de un edificio de forma forzada,

pero no es suficiente.

A ella se le hiela la sangre,

pero no es suficiente.

Le saca la ropa y la ponen en cuatro,

pero no es suficiente.

“Que pase ya, que pase ya” piensa ella,

pero no es suficiente.

“Me agarraron de la mandíbula y me acercaron para hacer una felación, y otro me agarraba de la cadera y me bajaba leggins”,

pero no es suficiente.

La penetran los cinco al mismo tiempo y por todas partes,

pero no es suficiente.

Ellos se hacen llamar “La Manada” y se enorgullecen de actuar con la violencia de lobos rapaces,

pero no es suficiente.

Eyaculan dentro de ella sin preservativo,

pero no es suficiente.

“Que pase ya, que pase ya”, pero el tiempo no pasa.

La filman mientras la humillan, se ríen mientras la vuelven a penetrar,

pero no es suficiente.

Ellos ya lo tenían planeado,

pero no es suficiente.

“Su poder es mi condena”.

QUE PASE YA. QUE PASE YA.

Le roban el celular, difunden el video como si fuese el trofeo de guerra de su cacería siniestra,

Pero no es suficiente.

Ella camina sola sin fuerzas, se tumba en un banco entre lágrimas.

Siente frío y calor al mismo tiempo: “no puedo controlarme”.

Pero no es suficiente.

“Que no haya pasado, que no haya pasado, QUE NO HAYA PASADO”,

pero pasó.

Resulta que tu puta noche de locura ha sido mi destrucción. Tu ‘follándonos a una entre cuatro’ es ‘destrozando a una entre cuatro’”, testimonió la joven madrileña sobreviviente de una violación múltiple en 2016, tras los San Fermines en Pamplona.

no es no yo si te creo hermana
Manifestantes se reunieron en el Palacio de Justicia de Navarra para exigir justicia. REUTERS/Vincent West

Pero nada de esto fue suficiente para que los los jueces de la Audiencia de Navarra dictaminaran que el cuadro se haya tratado de una violación. El tribunal no encontró violencia alguna en estos hechos. A pesar de que la víctima haya sostenido que ninguno de los actos fue consensuado, a pesar de que hay pruebas de que los agresores habían planeado previamente la violación, y a pesar de que los peritos dictaminaron que vejada; a pesar de todo eso, no fue suficiente. NO FUE SUFICIENTE.

Evidentemente, para los jueces, la violación solo puede ser entendida como tal cuando hay sangre, golpes, armas y amenazas. Y acá, no lo hubo. Ellos consideraron que la víctima podría haberse defendido más, podría haber gritado más, podría haberse negado con todas sus fuerzas; haber pataleado, forcejeado, podría haberlos mordido o al menos haber intentado pegarles o defenderse de alguna forma. Es lo que debería haber hecho ella para comunicarles que no había consentimiento, concluyen, porque claro, ¿cómo iban a adivinar los chicos que no quería nada?

Los jueces de Navarra no ven violencia en que un grupo de cinco hombres que superan en número y tamaño a una mujer y que la sometan contra su voluntad, porque los jueces también son hijos del patriarcado. Y en definitiva, también creen que una mujer que anda sola y de noche, casi que se la está buscando.

Por eso, aunque la fiscalía pedía 22 años de condena por el delito de agresión sexual, los acusados recibieron solo nueve años de cárcel por abuso sexual continuado. Porque la violencia, repito, no fue suficiente para que se hable de una violación.

Aunque los integrantes de La Manada se caracterizan a sí mismos como lobos salvajes que ven a las mujeres como animales para carnear a su disposición,- como se demostró en los mensajes que intercambiaron-, el tribunal se quedó con la idea de su defensor: son “buenos hijos”, “profundamente unidos a su familia y amigos”. No se hable más.

El patriarcado tiene muchas formas de operar, y una de ellas es a través de la justicia y de la cultura de la violación, que revictimiza a las mujeres que fueron sometidas a prácticas de agresión sexual, alegando que ellas son las culpables de haber sido violentadas. A partir de este marco, los jueces no juzgan a los acusados, sino a las mujeres y cómo actuaron, y dictaminan cómo deberían haberse comportado. Porque son hombres. Y porque los hombres SIEMPRE saben mucho más que nosotras, que solo somos unas borregas que ni siquiera sabemos cómo comportarnos correctamente en una situación de agresión sexual.

Porque ellos seguramente saben muy bien lo que es caminar de noche y mirar por encima del hombro a cada paso para ver si alguien te está siguiendo.

Ellos seguramente subieron miles de veces a un taxi y deliberaron internamente cómo escapar en caso de que el chofer quiera acorralarlos.

Y me imagino que en sus celulares acumulan cientos de mensajes de sus amigos que dicen “llegué bien“, que se intercambian después de volver solos a casa.

Quiero creer que varias veces caminaron con los puños apretados, sientiendo que sus llaves entre los dedos son el único recurso que tienen para defenderse en caso de que pase “cualquier cosa”.

Ellos, intuyo, también habrán crecido con la idea de que si los violan es su culpa porque eligieron un camino demasiado oscuro, o porque se emborracharon, o porque se acercaron a hablarle a un desconocido, o porque tenían la pollera muy corta o no usaban corpiño.

Seguramente habrán pasado por todo esto; ¿de qué otra forma, sino, pueden exigirle a una mujer que se comporte de tal o cual manera durante una violación?

Pero la realidad es que ellos no conocen ni de cerca nuestro miedo y la vulnerabilidad a la que estamos expuestas simplemente por hacer uso del espacio público. Por caminar por la calle. Por ser mujeres, en una sociedad en la que ser mujer es factor de riesgo. Y mucho menos, pueden entender el pánico que paraliza a una cuando cinco hombres arremeten al mismo tiempo con toda su fuerza, su sadismo y su violencia.

Sabemos que ellos no son la única manada de lobos que pacta códigos y comportamientos para violarnos, someternos, dañarnos y matarnos sacándola barata, gracias a una justicia que los defiende y apaña.

Pero esperándolos, también hay una manada. Esta es NUESTRA manada; y estamos con los puños en alto y enseñando los colmillos, y más enojadas que nunca. Somos peligrosas, y los vamos a  ir buscar. Ya no estamos más solas y no nos vamos a quedar calladas ni dar un paso atrás. No vamos a descansar hasta que no tengan paz. Porque si tocan a una, tocan a todas. Porque estamos furiosas, organizadas y cada vez somos más. Y nosotras también tenemos un código, se llama #YOSITECREOHERMANA. Así funciona nuestra manada. Y ya no hay vuelta atrás.

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