clodet garcía es anarquista, feminista, artivista, co-creadora de colectivas de teatro y ritualidades, entre los que se destaca Teatro del Círculo y Teatro de la Tierra. Esta última experiencia conurbana, desarrollada en la periferia de la periferia, duró 14 años y sobrevivió a la década de los 90. Laboratorio de estéticas y poéticas experimentales con voluntad transformadora del sistema patriarcal. Actriz, dramaturga, directora, en el 2014 estrenó un unipersonal llamado Desnacida, después de muchos años de coordinar colectivos teatrales. La obra es una interpelación a la existencia determinada por el sistema, a los mitos judeo-cristianos e incluso al propio teatro, el dispositivo que permite a la desnacida existir.

Formó parte de la colectiva Mujeres de Artes Tomar, que propone la fusión del arte y el activismo como herramientas para ocupar la calle y desarrollar otros lenguajes performáticos. Actualmente es integrante de la colectiva autogestiva ARDA, nacida en septiembre de 2016 en forma colectiva alrededor del fuego que todo lo quema, que todo lo transforma al tiempo que sana y empodera.    

Contratapa accedió a la entrevista que la Productora Sin Pertenecer le realizó a clodet garcía en el marco de la realización de la mini-serie Salud, Libertad y ¿Anarquía?”. La misma se presentará públicamente el 12 de mayo en “La Mansión”, en lo que será a su vez el relanzamiento de este centro cultural ubicado en la localidad de Merlo, en el conurbano bonaerense.   

Guillermo Mayoral

– ¿Qué es el anarquismo y qué potencia tiene hoy en día?

– El anarquismo es una práctica, es un hacer y es un prueba y error. A veces hacemos intentos y hay que rehacerlos. Se aprende de la huella, hay una memoria de la huella que nos va guiando por donde es. Me parece que la potencia que tiene el anarquismo es la de ser pura posibilidad, la de ser una fuerza creativa y creadora de posibilidades. Es un estado olvidado que nos es intrínseco, que nos pertenece, que nos es constitutivo de las personas, pero que nos olvidamos porque desde que nacemos todos los dispositivos del sistema nos adoctrinan y nos normatizan para que nos adaptemos. Como bien sabemos, este sistema implica dolor, muerte, una cantidad de ausencia de libertades y de alegrías, de ausencia de circulación de lo que producimos. Inclusive hasta obstruyen que seamos abundantes porque están todo el tiempo dictando las pautas de que lo que producimos sean bienes, servicios, arte. El anarquismo es una fuerza creadora y podría ser un arte también. Una fuerza de construcción y de creación de otras realidades más justas, alegres, solidarias, placenteras, gozosas. El anarquismo es pura posibilidad de algo a lo que hay que retornar y a la vez es algo que hay que co-crear.

– ¿De qué manera co-crear hoy en día?

– Como feministas todo el tiempo decimos que “lo personal es político”. A mí me gusta decir que lo personal es recontra político, entonces te voy a contar desde mi experiencia: yo venía teniendo una vida anarquista sin saberlo porque pensaba que el anarquismo estaba vinculado a esos relatos del pasado en Argentina, además parece que tenía un bisabuelo italiano que era anarquista, pero la verdad es que no creo en el destino biológico y creo que no implica nada tener un bisabuelo anarquista. Sentía que era algo que interesaba pero que tenía que ver con movimientos sociales y políticos del pasado que le habían sucedido a otras personas. Mientras tanto yo sentía una rebelión muy profunda y un asco muy profundo respecto a cómo se organizaba la vida en sociedad.  Sentía todo el tiempo que había algo que las demás personas entendían y que iban muy contentas y complacidas -o por lo menos en un enorme grado de aceptación- a sus trabajos, a sus vidas, a votar, a casarse, a tener hijxs, el auto, el departamento… Una serie de cosas que a mi no me interesaban en absoluto. Con lo cual me sentía totalmente afuera de ese modelo de sistema. Desde muy piba me empecé a preguntar qué otra cosa había por fuera de ese orden que se me ofrecía. Quizás la manera de co-crear es justamente esa: preguntarse qué otro orden posible hay por fuera de esto que nos dicen que es la única posibilidad. En esto podemos abrir el amplio arco de posibilidades que tienen que ver con las identidades, con la orientación sexual, con cómo deseo, con cómo es mi cuerpa, a qué me dedico, cómo trabajo, desde dónde, cómo me vinculo con otrxs. Siento que el anarquismo sobre todo tiene que ver con lo vincular, desde qué valores y de qué forma, cómo hago acuerdos en cada momento, y cada vez y ante cada situación. Cómo deseo. El deseo está colonizado. El anarquismo es una gran fuerza de descolonización de las cabezas, de los deseos, de las corporalidades, de los vínculos. Hay una gran tarea de desmontaje de poner en interpelación todo lo aprendido. Hay una tarea de ver cómo se hace ante cada circunstancia en nuestras vidas. También hay una tarea de recuperación de lo pequeño. No es movimiento de masas. Descreo de estos movimientos si están regidos por pensamientos y normativas nuevas. Cada vez que un grupo de personas se reúnen para hacer, tienen esa posibilidad de habitar un laboratorio de transformación y de interpelación del sistema, fundar una pequeña comunidad y ver qué nos pasa haciendo juntes: qué reglas creamos para nuestra micro-comunidad y luego lo circulamos. ¿Tuvo errores? ¿Tuvo aciertos? Los transmitimos, los asumimos, los compartimos, lo circulamos, lo relatamos, lo escribimos y lo narramos.

– ¿Cuál es la principal crítica a la idea de gobierno?

– El Estado es un monstruo muy complejo y muy grande de desmontar. Entre anarquistas estamos teniendo distintos debates respecto a las maneras de desmontar el Estado. Tengo grandes debates con algunas compañeras y compañeros de cómo será esa transición. Si hoy día cae el Estado, hay personas que se quedan sin medicación, sin asistencia, sin medicina, por ejemplo. El problema es que el Estado ha cooptado todas esas maneras de sostenernos, asistirnos y ayudarnos. No solamente mediatiza el vínculo directo, sino que nos pone en una trampa donde no va a ser fácil desmontarlo. Yo creo que hay que desmontarlo, pero que hay unos pasos a dar y ver quiénes están a disposición de producir medicamentos, quienes tienen la famosa fórmula y están con la voluntad de cagarse en las patentes y producir medicamentos y que eso no valga más que producir pan, teatro, documentales. Hay una inmensa tarea. El gran problema es que existe el Estado y que nos hace creer que sin él no es posible la vida. Para no ponernos en una postura polarizada, creo que el desmontaje va a llevar muchos pasos. Después respecto a lo que es el poder político y el gobierno, es una gran fantochada. Es irreal. Es una mentira, una gran ficción que sostenemos entre millones. Si dejamos de creer en esa ficción, esa ficción se cae. Como se cayó en el 2001. La sensación que tenemos hoy en día es que cuando desde abajo algo se mueve, el arriba tambalea y la ficción sale a la luz. El problema es que como está pasando con los medios en este momento: el tema del poder se juega en la cabeza de las personas que creen que ciertas cosas podemos y ciertas cosas no podemos, que ciertas cosas son adecuadas y ciertas no. Que violencia es esto, y esto no (esto es lo esperable). Cuando la otra violencia es invisible, transversal, masiva. Esa ficción es algo que hay que dejar de creer y sostener. El principal problema para un anarquista, es cuando también creemos en esa ficción y conformamos guetos donde se cree que estamos portando una verdad y somos la rebeldía diferente del resto de la comunidad. No somos parte, no me interesa hacerle el juego, sino desarmarlo.

¿Por qué te considerás anarquista y no de izquierda?

Porque la izquierda quiere tomar el poder y a mí ese tipo de poder no me interesa. Desde la práctica, muchos años creía que era de izquierda, cuando no sabía que era anarquista. Pero ningún partido me representaba, no me sentía cómoda en ninguna agrupación. No me interesaba lo que veía en las marchas, los modos de marchar ni de organizarse. No me gustaba el discurso escindido de la práctica. Por eso insisto en que el anarquismo es una práctica, es un hacer, es un arte. El arte significa un saber y un hacer, prueba y error. Y además tiene un criterio estético: el arte tiene que ser bello y placentero. La izquierda tiene cuestiones muy interesantes, pero aún no resolvió que sucede cuando se toma el poder. No descreo del poder. El poder existe, el tema es que hay que re-distribuirlo. No se puede acumular en un grupo de personas, ni medir, ni poner un libro de referencia. No puede haber nuevas biblias ateas. Descreo de cualquier dogma. Muchas veces los libros que circulan en las izquierdas son dogmáticos y no me interesan porque limitan la libertad.  Por otro lado, me pasa que como feminista, los modos de organización partidaria de las izquierdas son patriarcales: los modos de copar las calles, los modos de organizar sus movimientos, sus organizaciones. Eso me parece bastante violento. Es un uso de poder bastante violento y no sé si hay una interpelación acerca de eso.

– ¿Para el anarquismo existe una naturaleza humana?

– No puedo hablar desde el anarquismo, pero sí desde mí y desde lo que voy co-creando con otras compañeras. Una de las cosas que aprendimos es que biología no es destino. Esta idea de la naturaleza es una idea a interpelarnos. Y en todo caso, si existió una naturaleza que en algún momento nos determinaba, la cultura es tan omnipresente. Los seres humanos somos criaturas totalmente traspasadas por la cultura, por lo ideológico, de los modos de relacionarnos, de las idiosincrasias. Entonces ¿cuánta incidencia tiene eso? Hay alguna recuperación de algunas cuestiones que son muy valiosas como pensar que no todo lo que existe es materia, es pesable, medible, cuantificable. Que somos personas muy domesticadas en donde todo lo que sucede en el sistema nos lleva a salirnos de nuestros cuerpos y a vivir en las ideas. Entonces la recuperación del cuerpo, de la presencia en el cuerpo, es un eje político para mí. La presencia es un eje político, recuperar la idea de energía, la sensibilidad, la conexión. Yo no sé si el anarquismo cree esto. Sí me parece que en la medida que empezamos a desmontar, empezamos a recuperar alguna de estas cuestiones.

– ¿Cómo fue en tu experiencia propia el cruce entre anarquismo y feminismo?

– Para mí anarquismo y feminismo están tremendamente conectados, siento que las personas que decimos que buscamos la libertad, tenemos que ir por ahí. Son dos fuerzas contra-hegemónicas que interpelan lo vincular. Estamos hablando de los vínculos y de sujetxs de opresión y sujetxs opresores. En ese sentido, para mí está todo muy relacionado. Siempre sentí que era feminista pero no siempre dije: “soy feminista”. Como mujer, como lesbiana, como cuerpa disidente, siempre sentí que había algo en la sociedad que no iba, del mismo modo que lo sentí como sujeta política. Acá hay un orden que no me interesa. El poder se organiza de una manera, mi lugar en el mundo y las posibilidades de vincularme están atravesadas por cuestiones que no me interesan, que no me parecen justas. Mucho tiempo sentí que era muy rara, lo que pasa es que ahora siento un empoderamiento de esa extrañeza. Siento casi un orgullo de ser una fugitiva. Me gusta mucho hablar de crear, ahí se junta el hecho de ser teatrista, artista, artivista. Es un modo de estar en el mundo que todo el tiempo me desafía y en la medida que asumo que me tengo que posicionar, eso justamente me convierte en una persona desafiante.     

– ¿Qué significa resistir hoy en Argentina? ¿Qué es la resistencia creativa?

– Hace muchos años que conozco la palabra “resistencia” y hace años que me hace ruido. También hace unos años uso la palabra resistencia unida a la palabra creativa. Porque en el resistir parece que hubiera una fuerza que avanza y que hay que hacer fuerza para que eso no suceda, y esas son las lógicas mismas del poder. La sensación de que creativamente se puede girar, ascender, descender, excavar, pegar una vuelta, engañar a esa fuerza que viene y tomar una deriva, un camino, tramar estrategias creativas implica lo inesperado para el poder.

– ¿En qué consiste hoy esa resistencia?

– Veníamos teniendo unas estrategias y unos modos de estar que hay que replantearlas. La intuición que tengo es que hay que retornar a lo pequeño, al encuentro con 4, 5…10. Están esperando la respuesta en escala, están esperando las organizaciones masivas. No le quito importancia a eso. De hecho, venimos de movilizaciones masivas que son súper importantes y necesarias. La sensación es que si descentralizamos, si nos juntamos en todas las plazas, de todos los barrios, no pueden llegar a todos lados. La lógica de la derecha es ir por más, quitarnos más hasta donde vean que pueden. Esto se hace solamente con represión. Reprimen para que con miedo obedezcamos. Las estrategias represivas saben muy bien lo que sucede cuando nos reunimos de a mucha gente. Entonces esto de descentralizar no solo tiene que ver con una estrategia de protestar sino también tiene que ver con una cuestión de escala: es más difícil pensar de a 10 mil personas. La experiencia del Encuentro Nacional de las Mujeres es una experiencia muy anarquista, muy multiforme que también se está yendo de escala y cuando se nos va el número hay algo que ya fracasa. Hay que volver a lo pequeño y no temerle. Esta sociedad nos vende mucho lo masivo ligado al éxito: “vino mucha gente”, “éramos muchos”, “la marcha era inmensa”. Yo me pregunto qué pasa si somos secretas, invisibles, si nos reunimos a matear en una plaza, si en vez de salir con lanzas, salimos a amasar, juntar o a hacer otras cosas, también preparar lanzas (risas). Digo, pensar lo inesperado.

– Pensando en la frase de los Redondos “ensayo general para la farsa actual, teatro antidisturbio”, y viendo el despliegue militar-represivo del jueves 14 de diciembre, ¿qué escenarios en términos de teatralidad están queriendo armar?

– Yo miraba el despliegue del día 14 y realmente vi una performance, es una teatralidad. Es una ficción que crean donde tienen sus vestuarios, su forma de marchar, sus pasos, esto de tomar la Avenida Corrientes a contramano. Las botas. Es instalar el miedo. Saben perfectamente cuál es el uso de los símbolos. Muchas personas libertarias, progres, de izquierda, anarquistas interpelan montones de cosas pero muchas veces nos olvidamos del valor del uso de los símbolos y ellos lo saben perfectamente. Están creando una estética del miedo, del poder y tiene un efecto. Del mismo modo que el relato de los medios masivos también tiene un efecto. Cuando estos días se habla de la violencia y parece que la única violencia estuviera en las personas que arrojaron piedras -después podemos debatir si era estratégico o no-. Pero la mayor violencia no estaba ahí. No se puede equiparar la violencia de respuesta con la violencia económica, social, con la violencia que nos generó el discurso del señor así llamado presidente que es el discurso de un psicópata. Es un discurso esquizofrenizante, donde se te dice que no está sucediendo lo que está sucediendo. Que mientras esta teatralización de la guerra tomaba las calles -porque el escenario era un escenario de guerra-; mientras teníamos gente herida, presa, nos estaban hablando a favor de la paz. Nos sacan la plata, y nos dicen que vamos a ganar. Esto es una locura y no es inocente. Esta absolutamente pensada. Entonces es importante la recuperación de ciertos símbolos, de los modos en lo que nos hablamos y nos encontramos, el salirnos de la idea de acción-reacción, provocan y respondemos de la manera en la están esperando que respondamos. También creo que están creando un enemigo interno y están llenando de rabia los cuerpos de la gente joven. Y se tienen que hacer cargo. Yo no puedo más que abrazar a esa gente y al mismo tiempo pienso qué otra cosa se puede hacer.

– Frente a este escenario, ¿qué estrategias consideras que pueden ser más efectivas a la hora de resistir y enfrentar estos nuevos dispositivos represivos?

– Para mí fue un hito la represión en Mar del Plata (en el Encuentro Nacional de Mujeres del año 2015). Siento que montaron un escenario y montaron estas estrategias. Quizás es la primera vez que nos toca vivirlo de esta manera. La sensación es que debemos estar muy atentxs y no hacerles el juego. La represión va a seguir existiendo igual. El lunes 18 cuando llenamos la calle masivamente y ellos provocaron la violencia con el vallado, con todo lo sucedido el jueves 14, era de esperar la violencia. ¿A dónde va a estar el foco? Ahí en la batalla y en la resistencia. Igual no la quiero interpelar. Un escenario posible podría haber sido que la gente que le puso el cuerpo a eso interrumpiera la sesión. A la noche no había de donde agarrarse para decir que eran grupos violentos organizados con el cacerolazo que iba ocupando la calle. Es muy difícil organizarse masivamente. La recuperación de la cacerola, del ruido, teniendo en cuenta que estuvo en manos de gente horrible durante muchos años. La recuperación de la cacerola como algo popular que tiene su origen en: “la olla esta vacía”. Agarro lo que tengo en la cocina y lo golpeo porque esta vacía. Es un llamador y un símbolo cultural que es superefectivo. La clave vuelve a ser descentralizar. Tenemos que pensarnos mucho porque esto no puede ser la única respuesta ni mucho menos.

– ¿Que plantea el feminismo en relación al cuerpo y qué impactos tiene eso en el proceso de empoderamiento?

– El feminismo es un camino y una posibilidad de recuperación de la cuerpa inmenso. Me gusta decir que desde que somos niñas todo nos saca de nuestro cuerpo. Por eso mismo uno de los ejes políticos clave es la presencia. Si estuviéramos presentes, si no sintiéramos que el cuerpo es un mal lugar, el sistema cae. Y esto nos pasa mucho a las mujeres. El sentir que el cuerpo es un mal lugar, nos pone en sujetas vulnerables, a las que se puede abusar, y en la pirámide del iceberg se las puede matar. Esto no significa que a compañeras que tienen una buena relación con su cuerpa, también les pueda ocurrir. También lo pueden sufrir. Empecé a pensar al tema del cuerpo desde la teatralidad desde muy chica. Donde ser actriz y ser una actriz gorda era una locura, donde sufrí una barbaridad, sintiendo que estaba en el cuerpo equivocada porque no se puede ser mujer y ser gorda y mucho menos ser mujer, actriz y gorda. Mientras tanto tengo este cuerpo y qué hago. El feminismo ahí me dio un montón de herramientas. Pero ojo porque dentro del feminismo también se está desmontando esta idea de las cuerpas disidentes. El tema son los privilegios y la normatividad de nuestra comunidad. Si sos feminista y te posicionás respecto a un montón de temas, pero no ves que hay privilegios por tener un cuerpo más hegemónico y crées que la otra que es gorda o que le falta una teta o que no tiene una belleza acorde a lo que llamamos “bello” tiene un problema…bueno hay mucho por seguir interpelándonos. Cuando empezamos a recuperar el cuerpo como la única herramienta que tengo para existir en este mundo, real y concreta, es más difícil que el sistema nos pueda. Ojo que hay feminismo de ideas. Y para mí el feminismo y el anarquismo son una práctica. Si no puedo estar en mi cuerpa, no es mi revolución.

– ¿Cuál es la mayor radicalidad feminista hoy desde el cuerpo?

– Es la presencia. Aun cuando nos permitimos dejarnos los pelos, mostrar las tetas, ser gordas, tener orgullo por pieles oscuras, indias o negras, nos empoderamos y nos afeitamos la cabeza y nos fugamos de ciertos cánones; considero que respecto al cuerpo, hay cosas muy sencillas: como la presencia, el cuidado, el placer, el autoplacer, el erotismo, el goce. Son cosas que se siguen recuperando, conquistando, descubriendo, co-creando. Pareciera que no es tan subversivo. Sin embargo, para la que tiene esa experiencia de estar en su cuerpo plena, que se permite gozar con quien quiere, cuando quiere, donde quiere…eso es una revolución. Cuando esto pasa, las estructuras tiemblan, porque lo que hacen es generar todo el tiempo dispositivos de opresión. Yo no quiero cambiar esas estructuras para que yo después pueda…al contrario, es en el aquí y en el ahora que esta cuerpa gorda, con pelos, que sale mal peinada, esta siendo gozosa. No le tengo que pedir permiso a nadie. Mientras tanto interpelo los cánones de belleza, los cuerpos hegemónicos, el binarismo dominante, interpelo todo. Pero que me pasa a mi cuando me digo lesbiana y no mujer. Que me pasa a mi que a mis 50 años y mi cuerpa gorda, si estoy con una compañera sexo-afectiva, me doy un beso en la calle. Ahí yo estoy abriendo un espacio que puede hacer tambalear la estructura. Abro un espacio en la trama para que entre un poco de oxígeno.

– ¿Cuándo surge y por qué la idea del artivismo?  

– La idea de artivismo empieza antes de que la pueda nombrar así. En esto de interpelarlo todo, he interpelado la misma idea de hacer teatro. Tuve un grupo 14 años que se llamaba Teatro La Tierra. Una de las cosas que teníamos claro era que era antipatriarcal cuando todavía no me animaba a decirme feminista porque sentía que no daba el pine, que me faltaba leer algunos libros. Desde esta teatralidad antipatriarcal, indagábamos dos cosas muy fuertes: la ritualidad como modo de hacer y lo político en el sentido de que sentíamos que la sociedad estaba en crisis, que el sistema no nos interesaba en absoluto y que ese pequeño grupo era un laboratorio de estéticas, poéticas y nos implicaba a nosotres como personas que hacían juntas. Entonces, desde la ritualidad, empezamos a ver que lo que hacíamos plantaba un símbolo en el mundo. A veces puertas adentro y a veces puertas afuera. En algún momento, empezó a trabajar ocupando calles, haciendo acciones en distintos lugares con el tema de las mujeres y las feminidades. Tomo la palabra artivismo -que circula desde los años 90- como una palabra muy poderosa. Primero porque es un neologismo que reúne la palabra arte y activismo. Sentía que me daba un lugar donde posicionarme también, donde podía hacer con otras sin que se nos juzgara estéticamente, artísticamente (esto para hablar de la gente del arte) y también era una estrategia de hacer con otres mezclándonos. Me aburre mucho que piensen lo mismo que yo. Me interesa mezclarme y ver cuál es el piso común para hacer desde ahí. Mi artivismo es uno de presencia, de cuerpo en el espacio, en las calles, que tiene que ver con el feminismo y la ritualidad. Es un símbolo, un hacer, que se muestra y se comparte con la comunidad y al mismo tiempo nos transforma a quienes le ponemos el cuerpo.  

– El anarquismo de fines del siglo XIX y principios del siglo XX estaba muy ligado al racionalismo, al iluminismo. En el artivismo que propones hay una suerte de conexión con consignas chamánicas, ¿cómo dialogan principios anarquistas con la medicina ancestral y que potencias de sanación tiene esa fusión?

– Fijate que cuando pensamos en anarquismo pensamos en ideas que vienen de Europa, y no pensamos en ideas que estaban ya acá presentes en América y que están presentes en lugares no occidentales. La sensación que tengo es que recuperar algunas herramientas para ponerlas al servicio de lo vendrá es algo interesante. Las herramientas que yo tengo desde la ritualidad vinculadas a culturas chamánicas no copian o reproducen culturas originales. No me siento con el derecho porque no pertenezco. Si me ha sucedió de tener intercambios y crear o creer que creaba algunas cosas y encontrarme con que esas cosas estaban presentes en muchas culturas. Cuando se recupera no se recupera solo una forma o una dinámica, sino que se recupera una conexión, que tiene que ver con un despojarse un desvestirse de una cultura, y desde esa conexión aparecen gestos y modos de hacer y de estar que se encuentran en culturas ancestrales, porque pareciera que esa memoria de algún modo está ahí a disposición. Si es una memoria celular o energética, no lo se ni lo puedo saber. Si se que sucede y que nos hace bien. Lo que siento es que si nos hace bien, es por ahí. Hay un chequeo y un re-chequeo constante. La ritualidad tiene una potencia sanadora inmens. En el terreno de las ideas nos encontramos escíncidas. Esto de volver a conectarnos con nuestro sentir, reunir pensamiento, emoción y cuerpo y una vez que esas partes se empiezan a conectar y a la vez me voy conectando con otras es como si reparáramos canales por donde va circulando el agüita. Es como que la vida fuera un rio lleno de diques y lo que tenemos que hacer es romper esos diques y permitir que el agua circule. Es difícil de transmitir porque es una experiencia que hay que vivir. Cuando nos reconocemos en los ojos de otras, cuando podemos nombrar lo que no se podía nombrar, cuando podemos limpiar y soltar lo que veníamos cargando. Si este dolor, este abuso, esta violación, este maltrato, si de verdad la suelto… lo que sucede cuando hay un soltar colectivo de los dolores y violencias, lo que aparece inmediatamente es vitalidad. Es una recuperación de la vitalidad. Ya que este sistema nos quiere muertas, nos quiere en ausencia de vitalidad, en ausencia de presencia. La sanación es recuperar la circulación de esa vida, de esa presencia.

– En la ritualidad antipatriarcal que proponés, hay un concepto que es el de “estar en presencia activa”, ¿a que apela esta idea y que busca subvertir?

– La idea es ni mas ni menos que desafiar a la muerte. La sensación es que la presencia activa puede burlar y ganarle a la muerte. Lo que hemos hecho con Santiago Maldonado, compañero anarquista, es llenar de vida la sociedad ante una muerte que no solo quiso matarlo a él, sino que quiso matar esa parte libertaria en todxs nosotres. Desde esa mirada, yo te puedo decir que la ritualidad entiende que hay una conexión entre la parte y el todo que a veces nos olvidamos. Este sistema piensa en individuos y sujetos aislados. Si nos reconocemos como parte de una totalidad, reconocemos que han desaparecido una parte nuestra, han torturado una parte nuestra, han ocultado una parte nuestra. Hemos descubierto que han asesinado una parte nuestra. Y lo sentimos colectivamente.  Una parte nuestra que estaba ahí para defender la tierra. Nada tan básico y esencial que defender la tierra que le pertenece a una comunidad ancestralmente. Es tan simbólico y tan fuerte lo que ha pasado. Ha habido múltiples artivismos colectivos trayendo a la vida esa mirada. Necesitamos más. Necesitamos traer a Rafael Nahuel, traer a cada una de nuestras muertas. Necesitamos volver a la vida lo que se escondió ante el susto, el trauma, ante el impacto. Eso se hace con otras, colectivamente, grupalmente, comunitariamente. Eso es un principio del artivismo y una potencia sanadora, política, anarquista, feminista muy fuerte. 

– ¿Cómo nace la colectiva feminista ARDA y con qué propuestas? ¿cómo se -organizan?

– ARDA nació mucho antes de nacer, estaba presente desde mucho antes y venía haciendo pidiendo hacer foco en algunas cuestiones: que queríamos una colectiva autogestiva, abierta -donde hay algunas de nosotras que si nos reunimos siempre y también esas nosotras van cambiando. Pero convocamos en lo abierto cada vez que queremos hacer un artivismo. Es u grupo desde el hacer. Teníamos muy claro algunas cuestiones: no queríamos ser una institución, ni una ONG, no queríamos sacarle el jugo a esta cuestión de que la temática de genero está en todos lados, queríamos que nuestra metodología sea autónoma, absolutamente ligada a lo popular. Si bien no todas somos anarquistas, pero si hay algo muy anarquista que sucede que es el consenso y la interpelación. ARDA está ligado al fuego, a la posibilidad de quemar y de arder, de la recuperación del fuego cuando hemos sido quemadas por brujas y que aun hoy nos siguen quemando en muchos feminicidios. La idea de que el fuego cambie de mano, si esta en nuestras manos somos dueñas de ser fuegas y hacer ARDER y volver pura potencia y que cambie de forma. ¡Que el patriarcado ARDA si nosotras somos FUEGAS!

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