Por Luciano Alderete @LucianoAld1

El 15 de junio de 1977, el abogado hispano-argentino Juan Carlos Casariego de Bel, asesor jurídico en el Ministerio de Economía de José Martínez de Hoz, fue secuestrado por la dictadura cívico-militar. A 40 años de ese trágico día, Contratapa entrevistó a su hija, María Casariego, para recorrer los diversos aspectos históricos que reviste la detención ilegal de su padre. Un caso paradigmático que coloca sobre la mesa del debate el papel que jugó un sector de la sociedad civil durante el terrorismo de Estado, desde los negociados económicos hasta el ocultamiento de información y documentos sobre los secuestros y asesinatos de personas.

– María, cuéntenos quién fue Juan Carlos Casariego de Bel.

Mi papá, Juan Carlos Casariego de Bel, fue abogado y asesor en el Ministerio de Educación, en la época de (Jorge Alberto) Taiana y luego pasó al Ministerio de Economía como asesor de Asuntos Jurídicos. Con una trayectoria de 30 años de trabajo cuando desapareció.

Juan Carlos Casariego 2Cuando llega el gobierno militar, lo convocan como director de Inversiones Extranjeras, puesto que le llamó demasiado la atención a él cuando se lo propusieron; porque era mucho más económico que jurídico el puesto pero, igual, lo acepta. Hay cuestiones que pude entender con el paso de los años, 37 años después para ser exacta. Mi padre tenía algo como de Quijote de la Mancha, él pensaba que podía cambiar cosas muy fuertes y que podía presentar batallas en lugares muy cerrados.

Tuvo muchos enfrentamientos en su transcurrir, que fue de marzo/abril del 76 a junio del 77. Uno de los obstáculos con los que se encontró, fue el negociado de Italo, cuyo presidente, hasta que asumió como Ministro de Economía, fue Martínez de Hoz. Era un consorcio suizo, entre los que se encontraban Juan Alemann y muchos economistas conocidos. Era un consorcio muy particular. Se privatizó y luego, durante el gobierno militar, la dictadura, quiso expropiarlo y para ello, tenía que valuar la cantidad de cosas que tenía para poder tasarlo. La evaluación la lleva a cabo mi viejo con el asesoramiento de Alemann (hermano del que estaba en el consorcio). Le ponen una cifra de tres dígitos a mi papá y él dice: “No, de ninguna manera”. Juan Carlos Casariego contaba que no había habido ninguna inversión, que había material obsoleto y que entre el inmueble y el resto de la empresa, el valor era de 8 millones de dólares. Ellos querían pagar entre 138 y 140 millones de dólares. Mi papá dijo que no iba a firmar y fue una época de mucha tensión, él estaba muy estresado con el tema y a partir de allí comenzaron a pasar un montón de situaciones extrañas. Por ejemplo, un día le forzaron el escritorio.

“Mi padre tenía algo como de Quijote de la Mancha, él pensaba que podía cambiar cosas muy fuertes y que podía presentar batallas en lugares muy cerrados”

Fue muy loco porque mi viejo, un mes antes de desaparecer, me convocó a que vaya a almorzar con él todos los días y se sentaba conmigo para decirme qué debía hacer si le pasaba algo. Con lo cual, desconozco si no había recibido amenazas concretas, la situación era rarísima. Yo tenía 17 años y desconocía todo lo que estaba sucediendo; entonces le preguntaba si estaba con problemas de salud o si había algo que me estaba ocultando. Me dio indicaciones para actuar con mi madre y también, sobre cómo manejar  determinadas variables, todas las cosas que me dijo me fueron muy útiles en la vida. Así transcurrió ese mes hasta el día que desapareció. Mi papá llamó a mi mamá  a las ocho de la noche para decirle que tenía una reunión con Martínez de Hoz y que luego venía para casa.  

– ¿Como fue la modalidad de desaparición de Juan Carlos?

Juan Carlos Casariego reuniónFue la misma que utilizaron con Rafael Perrota y Gallego Soto, dos intelectuales que desaparecieron en el mismo mes, uno un día antes y el otro un día después que mi papá. Los hacían pasar por secuestros extorsivos. La noche que fue secuestrado, fuimos a buscarlo a comisarías, hospitales y todo el seguimiento que uno hace en una situación de este tipo. Fuimos a la casa de Walter Klein, que era el inmediato superior a mi padre, y no nos recibió. Le explicamos que estábamos desesperadas por que eran las 3 de la mañana y mi padre no aparecía. A la mañana siguiente nos llaman para decirnos que era un secuestro y nos pedían plata. Fue la misma modalidad que utilizaron con las otras dos personas que te comentaba antes.

A partir del llamado, hubo una semana de negociaciones con los secuestradores. Muchos años después, supimos que era la modalidad de operación de los servicios de inteligencia. Además de tenerlos secuestrados, lucraban con la familia, la cual nunca recibía ni el cuerpo ni a la persona viva. En el caso de mi padre, no lo cobraron pero con los otros, sí. Lo perverso de la situación fue que, en un dialogo con mi madre, le preguntaron quién podía negociar y mamá dijo que lo podía hacer ella o algún amigo de mi padre. Ellos se negaron y nos dijeron: “Tiene un hija pelirroja. Queremos que sea ella”.  Foto miaAsí fue como me hicieron ir a un bar, entrar al baño y desarmar la tapa de luz. Nos habían dicho que allí iba a encontrar una prueba de vida de mi padre. Lo hice. Imaginate la situación de entrar a un bar y saber que hay alguien que sabe todo. Entré, desarmé la tapa de luz y no había nada. Cuando vuelvo a mi casa, suena el teléfono y nos dicen que había hecho todo bien, que vuelva, que ahora sí iba a encontrar algo. Me habían seguido todo el tiempo. Sucedió del mismo modo en tres ocasiones más. Me hacían ir a distintos lugares donde encontraba un diario con la fecha del día y, en él, una nota de mi padre para demostrar que estaba vivo. El último día que sucedió, encontré la nota con una letra terrible y me di cuenta que si no se había muerto, lo iba a hacer en seguida. La letra estaba totalmente desequilibrada y temblorosa. Todo esto sucedió un día antes de que lo mataran. Son hechos anecdóticos que te muestran lo perverso de lo que ocurrió con nosotros.

“Además de tenerlos secuestrados, lucraban con la familia, la cual nunca recibía ni el cuerpo ni a la persona viva”

– ¿Qué pasó con la Compañía Italo-Argentina S.A.?

Italo fue uno de los negociados de la dictadura pero no el único. Era una empresa extranjera,  un consorcio de argentinos con suizos. El gobierno militar decide expropiarla, fue la única empresa que se nacionalizó en ese periodo. Fue la única ya que como todos sabemos, por el modelo económico impuesto por las tres armas, las empresas se privatizaban y no al revés. Lo más paradigmático de la situación fue la sobrevaloración que hicieron sobre la empresa. También es importante decir que en el contrato de la Italo decía que, luego  de 20 años, la compañía se nacionalizaba por decreto y pasaba a ser argentina. Seis meses antes de que cumpla el tiempo estipulado en el contrato, el gobierno militar compró la empresa para expropiarla. El presidente de Italo era Martínez de Hoz y lo fue hasta asumir como ministro. Todo el consorcio representaba, podríamos decir, la elite del Ministerio de Economía. También hubo negociados con Honda y Yamaha. El Ministerio tenía intereses en varias empresas.

– ¿Como evalúa el rol de los medios en ese periodo?

Cuando desaparece mi padre, que era una persona hipertensa grave, mi madre quiso acercar un comunicado a algún diario, en esa época no se sabía todo lo que sabemos ahora y como suponíamos que eran secuestradores, queríamos publicar en los medios para que no dejaran darle la medicación. Él llevaba un pastillero con la medicación para uno o dos días pero no para mucho más. O sea, a mi papa lo matan un 28 de junio. Todo esto lo supimos después. Con toda esta situación nos damos cuenta de la envergadura de lo que estaba sucediendo. En eso momento no sabíamos qué era lo que estaba sucediendo en profundidad.

Mi padre no venía de la guerrilla, entonces entendíamos que si lo habían colocado en ese puesto era por que indudablemente había sido investigado previamente. Se suponía que no era un tipo peligroso para ellos. En esa época ya se sabía que sucedían cosas, estamos hablando de mediados del año 76. Después se empezó a ver más claramente lo que significaba la dictadura.

“Los diarios nos prohibían sacar cualquier tipo de noticia sobre mi padre”

Fuimos a los diarios y en Clarín nos dijeron que había 10 tópicos que no se podían tocar en los medios y uno era el caso de mi papá. Con lo cual, nos dimos cuenta que no era un secuestro extorsivo como lo quería hacer pasar sino una política de Estado. Entonces, tratamos de tener reuniones con jueces, con la curia, con Suárez Mason, con personajes terribles. Los diarios nos prohibían sacar cualquier tipo de noticia sobre mi padre. Mamá logro hacer pasar un aviso pago en el diario La Prensa, allí teníamos familiares. Luego, algunos diarios tomaron esa información pero como información y no como una noticia propia: “El diario La Prensa dice tal cosa”. Pero se tapo totalmente y recién salió a la luz muchos años después. En ese momento, Martínez de Hoz estaba negociando un préstamo en Inglaterra y decía que no era pertinente nombrar que el director de Inversiones Extranjeras estaba desaparecido en ese momento.

Más sobre la desaparición de Juan Carlos Casariego de Bel en Contratapa

Segunda parte: Dos décadas de silencio

Tercera parte: Entre descolgar los cuadros y aplicar el 2×1

 

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