Por Luciano Alderete @LucianoAld1

Cuando comenzaron los juicios contra los crímenes de lesa humanidad, muchos creímos estar construyendo un piso de debate que no daría lugar para que el pueblo argentino retroceda. Pensábamos haber vencido las concepciones políticas desmemoriadas. No fue tan así y el mes de abril puso a un sector de la sociedad en las calles para protestar contra el beneficio del 2X1 que reclamaban los genocidas.

Juan Carlos Casariego de Bel, abogado y asesor jurídico del Ministerio de Economía de José Martinez de Hoz, fue secuestrado por la dictadura militar un 15 de junio de 1977. En esta tercera parte de una extensa entrevista con Contratapa, su hija, María Casariego, destacó la importancia de la figura de Eduardo Luis Duhalde en las causas de lesa humanidad, y los enormes retrocesos que implicó la llegada de Cambiemos al poder. 

– ¿Cómo vivió la política de derechos humanos del Kirchnerismo?

Fue un momento muy importante por que, con todas las dificultades que tenían este tipo de investigaciones, hubo mucho apoyo y mucha intención de investigar. Parecía que bastante a fondo por que tocaron a personajes como Martínez de Hoz, que estuvo preso con un gran revuelo. Se declaró la prisión domiciliaria y de esa manera, era llegar a los que parecían intocables. Porque eran y son personajes con mucho poder. Sus hijos siguen activos. Llamativamente, el estudio de Martínez de Hoz se dedica a analizar las inversiones extranjeras en Argentina. Son personajes tremendos. Cuando Klein declaró en el juicio de mi padre apareció con un séquito de 14 abogados, era impresionante.

– ¿Qué recuerdos tiene de Eduardo Luis Duhalde?

Un gran tipo, muy sensible, con mucha capacidad de escucha y muy jugado políticamente. Estaba decidido a investigar la muerte de sus amigos y compañeros de militancia. Lo tocaba desde muy cerca. Con toda las complicaciones que eso implicaba; por que meterse con el poder no es joda. Fue lo más cercano que estuvimos a meternos con el pacto cívico-militar. Investigar la complicidad cívica por que a los militares lo juzgaron rápidamente y hubo cierta facilidad, dentro de lo posible. Al poder económico no se lo toco demasiado, se lo nombro pero no se hizo mucho por que eran situaciones muy delicadas, por que es el poder que actualmente esta en el gobierno

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– ¿Cómo ve reflejado el poder económico en el gobierno actual?

Pienso que si mi padre resucitaría, se volvería a morir. Es la misma política y la misma filosofía. El concepto de derrame me impacta mucho, parece que algunos deben derramar para que otros puedan tener algo. La política de privatización es la misma que las de Martínez de Hoz y Cavallo. Son planes, técnicamente, impecables que dejan afuera a 15 y 20 millones de personas. “Es un costo”, dicen,  un efecto colateral. Esas son las políticas que sostienen este tipo de gobierno. Lo que me resulta tremendo, a diferencia de lo que sucedió durante la dictadura, es que este gobierno fue votado y eso nos preocupa mucho a algunos argentinos. Que poca memoria tenemos como pueblo para votar un gobierno así. Más allá de que este blindado en los medios y mas allá de su propia política mediática. A mi me preocupa mucho y me trajo mucho dolor que ganara la Alianza Cambiemos por que una cosa es pelear contra un golpe, con toda lo que implico en el pasado, y otra cosa es un gobierno democráticamente elegido. Dimos muchos pasos para atrás, en un año y medio han destruido todo: salud, educación y la cultura. Han ido destruyendo todos los logros que habíamos conseguido.

“Pienso que si mi padre resucitaría, se volvería a morir.”

– ¿Qué opinión tiene del cuestionamiento al número de desaparecidos y el intento judicial de aplicar el 2X1 a los genocidas encarcelados?

En general, siempre me ocupé del tema de mi padre. Tuve un bajo perfil en relación a hablar de otros temas. Pero cuando pasó lo del 2X1 tuve tal indignación que empecé a subir a las redes sociales testimonios de personas torturadas y secuestradas, para que la gente tome conciencia que hablar de liberar a estos tipos implica que puede estar sentados al lado tuyo, en un colectivo, un personaje que mató, violó y realizó actos tremendos. Traté de meterme en la cabeza de personas que piensan diferente cuando hablan de guerra o de dos demonios, o en la cabeza de la señora Cecilia Pando, que habla sobre la figura de genocidio y dice que si se aplica a los militares también debe hacerse para el otro sector. No entiende nada, no tiene la menor idea de lo que significa la figura de genocidio. Un civil no puede tener una política de Estado. Un Estado sí tiene que dar esa política y debe cuidar a sus ciudadanos. Genocidio es una figura que implica a los que están encargados de cuidarte. El Estado no puede entrar a tu casa, violar a tus familiares, secuestrar a tus hijos, robarte todo, sacarte la escritura y vender tu casa. Esas cosas pasaban en la Argentina. Estas cosas representan a una ideología de derecha.

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Mucha gente de las Fuerzas de Seguridad participó de estas acciones  y representan un drama de la actualidad, ya que siguen vivitos, coleando y libres por las calles. Son personas que han saltado la barrera, hay experiencias de tortura y violaciones de las que no se vuelve. Muchas veces nos horrorizamos de lo que sucedió en los campos de concentración nazis y, la verdad, no estuvimos nada lejos de aquella realidad. Los métodos de violación y tortura que han existido fueron tremendos.

– ¿Cree que queda pendiente el juzgamiento de los cómplices civiles?

Fue un logro encarcelar a la mitad, porque falta muchísima gente y porque, aun, hay muchos juicios que están detenidos. Porque la Justicia también fue cómplice como lo fue la Curia. En nuestro país hemos tenido complicidades gravísimas que dejaron a la sociedad huérfana. O sea, no tenías a quién pedir ayuda: el cura era el confesor de torturadores, el médico el que sostenía a las personas en la tortura para que llegaran al limite máximo y no murieran. Son cosas que cuestan pensarlas en la cabeza de una persona. Esa misma persona podría caminar libre en nuestra sociedad. Además, no están arrepentidos y volverían a hacer lo mismo. No hubo un solo arrepentido, quizás algún que otro que haya declarado pero las grandes cabezas de la dictadura no están arrepentida y sostienen la misma ideología. Yo los quiero presos, no pueden estar en la calle.

“El Estado no puede entrar a tu casa, violar a tus familiares, secuestrar a tus hijos, robarte todo, sacarte la escritura y vender tu casa. Esas cosas pasaban en la Argentina.”

¿Cómo se pueden sostener los logros alcanzados, en materia de derechos humanos, en los últimos años?

Creo que una sociedad cuando no tiene memoria, repite. Estamos con muchos puntos de alarmas de repeticiones. Estos personajes que cometieron estas atrocidades siguen en funciones y hasta algunas funciones son públicas. Lo vemos con la violencia policíaca, de pronto comenzaron de vuelta a tener actitudes que nos llevan a preguntarnos: ¿y esto donde estaba? Estaba ahí, latente. Como sociedad debemos cuidarnos mucho para no caer en la bestialidad en la que hemos vivido. Nosotros, tuvimos nuestro propio holocausto y debemos ser muy conscientes de eso. Creo que tenemos que tener la fuerza para decir “¡Por favor, memoria!”; que no se repita. Estos personajes siguen vivos y con las mismas ideas, replicando esa ideología en las generaciones jóvenes. Se puede discutir ideas pero esto no fue discutir ideas. Fue secuestrar, violar, asesinar. Y otro aspecto tremendo es que no cuentan dónde están los desaparecidos ni dónde están los niños a los que les robaron la identidad. Faltan más de 400 niños. Le han robado su identidad, saben donde están y no lo dicen. A mí me paso con Vergez, a una silla de por medio, y me decía: “Este tipo supo cómo murió mi papa y no habla”. Tienen una actitud casi irónica que genera mucha violencia y mucha desesperación. Ya sé que esta muerto pero decime por favor cómo, de qué manera, dónde esta.

Es una reconstrucción agarrada con alfileres la que hacemos para poder saber el pasado de cada uno de los desaparecidos que ya no vamos a tener más en nuestras familias. Es parte de nuestra historia la que nos robaron. Es muy importante recuperarlo como país;  para que, también,  mis hijos y mis nietos puedan saber qué sucedió. Estas personas están vivas y no hablan. Hay un pacto de silencio absoluto.

Más sobre la desaparición de Juan Carlos Casariego Bel en Contratapa

Primera parte: Juan Carlos Casariego de Bel, un Quijote en el ministerio de Martínez de Hoz

Segunda parte: Dos décadas de silencio

 

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