El 12 de Junio de 1956, luego del decreto firmado por el dictador Pedro Eugenio Aramburu, fue pasado por armas, junto a una veintena de compañeros, el General Juan José Valle. En la noche del 9 de junio un grupo de militares leales a Perón fueron protagonistas de un movimiento cívico-militar que generó focos de rebelión en distintos puntos de la Argentina: Buenos Aires, La Plata, Avellaneda y La Pampa. El levantamiento fue un fracaso y al cabo de unas pocas horas las fuerzas de La Libertadora controlaban la situación. En su última carta podemos observar el análisis de la dictadura de Aramburu y Rojas, una fina descripción de la anatomía política y económica de las Fuerzas Armadas golpistas.  

Las armas contra el pueblo

“Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.”

Las últimas palabras del General Valle antes de ser asesinado por sus propios correligionarios del Ejército Argentino ilustran una etapa de la historia Argentina signada por la violencia social y la mentira política. Las garantías democráticas estaban acabadas y existió una política de ocultamiento de la violencia y la prepotencia de la clase dominante sobre el pueblo argentino. Una etapa donde, a pesar de los golpes recibidos, las organizaciones obreras y sociales demostraron ser el arma más importante para pensar la revolución social, los cambios y la soberanía nacional.

la nación medios de comunicacion

 

El papel de los medios de comunicación jugó un rol determinante en la estrategia de justificar las medidas económicas que la dictadura llevó adelante. Las posiciones tácticas que ocuparon sectores de la sociedad civil para acompañar la estrategia liberal de desmonte de las conquistas sociales, logradas durante el peronismo histórico, fueron vitales. La intervención de Sindicatos y  organismos obreros fue una de las principales tareas y, de esa forma, la oligarquía argentina volvía al poder y con ella, un proyecto económico, político y social.

Una libertad de clase

“No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido. […] Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país”.

El régimen instaurado luego del derrocamiento de Perón liquidó, mediante la represión, todas las conquistas logradas por la clase trabajadora en el período anterior. Con la implementación de las medidas liberales también surgió un movimiento de oposición que combinaba la acción de comandos de militantes y militares peronistas con la de la clase trabajadora.

 

“No podíamos siquiera tener una foto de Perón en nuestras casas. Entonces recurrimos a los ’caños’”

 

Este movimiento pasará a la historia como la Resistencia Peronista. Un protagonista de la Resistencia, Juan Carlos Brid, brindaba un retrato de los comandos peronistas: “No teníamos armas, no podíamos hablar, ni votar, ni hacer nada […] no teníamos libertad de prensa alguna. Todo lo que teníamos era el decreto 4161 el cual decía que si mencionábamos a Perón podíamos ir a la cárcel. No podíamos siquiera tener una foto de Perón en nuestras casas. Entonces recurrimos a los ’caños’”. En el otoño de 1956, Perón instruyó a sus seguidores para que lleven a cabo distintas acciones de resistencia bajo una premisa: golpear donde se pueda y como se pueda. El General quería obligar a negociar al nuevo régimen.

¿Contra quién fue el golpe?

“Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo.”

Entender el proceso que se abre en 1955 nos obliga a retroceder algunos años. El segundo gobierno de Perón estuvo signado por una fuerte confrontación con sectores de la oligarquía vernácula y la jerarquía eclesiástica. El cambio sustancial del ritmo económico, modifica los puntales de la economía peronista: la productividad como concepto económico es una de las marcas claras de este periodo. Los saldos financieros argentinos se devaluaron por la pérdida de valor de la libra esterlina frente al dólar, mientras que el bloqueo comercial norteamericano a los productos argentinos en los distintos mercados mundiales fue otro de los factores que ayudaron a generar una inestabilidad económica interna importante.

¿Quiénes eran los libertadores?

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”Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta”.

La tensión entre la Iglesia y el gobierno llevaron a Perón a promulgar leyes que fomentaban la secularización del Estado como la ley del divorcio y la enseñanza laica. Para 1955 las diferencias entre el gobierno y sectores de la clase dominante eran irreconciliables. En junio de ese año una serie de manifestaciones en el centro de la Ciudad de Buenos Aires en contra y a favor del gobierno fueron agitando el clima social.  El 16 de junio fue la fecha inicial del derrotero de violencia que signará los siguientes años. El bombardeo a la Plaza de Mayo provocó la muerte de más de 300 civiles. Los aviones que bombardearon la plaza salieron de la oriental Montevideo con un claro objetivo, derrocar al gobierno y asesinar a Perón.

Un intelectual en los basureros

”Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta”.

El 16 de septiembre el sector más conservador del ejército encabezado por Eduardo Lonardi dio un golpe de Estado aliado con la jerarquía eclesiástica y la oligarquía vernácula. El presidente Perón partió al exilio y pocos meses después del golpe, Pedro Eugenio Aramburu, reemplazó a Lonardi. Aramburu ordenó los fusilamientos de militantes peronistas luego del levantamiento encabezado por el general Juan José Valle, hechos que tan bien narró Rodolfo Walsh en Operación Masacre.

 

“No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy hablando con Juan Carlos Livraga. Pero después sé.”

 

“Una noche asfixiante de verano, frente a un vaso de cerveza, un hombre me dice: Hay un fusilado que vive. No sé qué es lo que consigue atraerme en esa historia difusa, lejana, erizada de improbabilidades. No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy hablando con Juan Carlos Livraga. Pero después sé. Miro esa cara, el agujero en la mejilla, el agujero más grande en la garganta, la boca quebrada y los ojos opacos donde se ha quedado flotando una sombra de muerte. Me siento insultado (…). Livraga me cuenta su historia increíble; la creo en el acto”. De esta forma, relata Rodolfo Walsh cómo se enteró de la historia de los fusilamientos de José León Suárez. De ahí en más su esmero por tratar de rearmar los sucesos, de saber realmente lo que pasó, por tratar de desenmascarar una historia oficial que se obstinaba por ocultar lo que realmente sucedía.

La oposición a la dictadura

“Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido.”

Intentar desentrañar los episodios sucedidos en José León Suárez luego de la intentona armada de sectores del ejército que se consideraban peronistas nos obliga a considerar y reconsiderar el proceso histórico que se abre con el golpe de Estado perpetrado por el General Lonardi contra Juan Domingo Perón, presidente electo democráticamente. La autodenominada “Revolución Libertadora” (“Revolución Fusiladora” para los obreros peronistas) llegó al ejecutivo nacional con un claro objetivo: borrar de la cotidianeidad social argentina cualquier matiz cultural, político y económico asociado al peronismo. Los objetivos de una élite del Ejército Argentino, abren el periodo histórico más violento de la historia Argentina, signado por los vaivenes en el orden político y dotado de una agitación social y militante opositora. El dinamismo de la Resistencia Peronista supo interpelar a la pequeña burguesía y provocarle distintas incomodidades. A los nacionalistas y a diversos sectores de la izquierda los colocó frente a disyuntivas que se resolverían con el correr de los años. No sólo los sacerdotes como Carlos Mugica se sintieron conmovidos ante la tristeza del pueblo peronista. Rodolfo Walsh se vio interpelado por el carácter de clase de aquella resistencia. Ya que, eran peronistas los que resistían pero, sobre todo, obreros.

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Tercera parte: Los fusilados

Primera parte: 1955

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