Por Luciano Alderete (@LucianoAld1) – Especial desde México

En México vivieron exiliados de todos los países del mundo. El país azteca se había convertido en una embajada del mundo. En sus ciudades vivieron personalidades históricas, desde Trotsky hasta la cúpula de Montoneros, pasando por un sinfín de intelectuales que nunca más volvieron a sus países de origen. Rolo Diez es un exponente de ello.  

– ¿Cómo vivía la llegada de las noticias desde Argentina en la década del 80? Por ejemplo: el juicio a las juntas.

Tengo más registro de lo que pasa ahora de lo que pasaba antes. Yo volví a Argentina cuando pude porque me costó volver. Cuando llegue a México en el 81 me legalicé, dije: “No soy más militante, no quiero vivir más clandestino. No vamos a retornar para pelear con nadie”. Entonces me legalicé, que era algo complicado en esa época porque dependía de la Secretaría de Gobernación y había mucha exigencia. Uno debía demostrar que trabajaba, que era honesto, que no tenía antecedentes por robo. Los antecedentes de la política se admitían. México tenía y sigue teniendo una tradición de recibir exilios. Aquí, han llegado chilenos, guatemaltecos, salvadoreños, argentinos, peruanos. Entonces, de repente también fue un problema para los mexicanos: “Aquí ya tenemos muchos mexicanos. No podemos tener una sucursal de América Latina”. Pero mi esposa se embarazó, íbamos a tener un hijo mexicano y ese hijo mexicano que todavía no había llegado fue lo que más nos ayudó para que nos dieran la documentación. Al mismo tiempo, yo estaba pidiendo en el consulado el pasaporte argentino y me llevó diez años conseguirlo. ¿Qué pasó? Nunca lo supe.

“No soy más militante, no quiero vivir más clandestino. No vamos a retornar para pelear con nadie”

– ¿Qué razones esgrimían para negarle la documentación?

Yo iba, realizaba mi solicitud, hablaba con el cónsul, el cónsul me decía: “Bueno, mandamos esto a Argentina, me responden en dos o tres semanas” y volvía una respuesta que decía “negativo”. ¿Negativo por qué?, preguntaba yo y me respondían: “Negativo porque tiene causas del año 71”. Entonces, yo le explicaba una cosa obvia: “Estuve preso desde el 71 hasta la amnistía de Cámpora. Estoy amnistiado y la amnistía quiere decir que se borra todo lo pasado. No quiere decir que se perdona, sino que se borra. No hay nada, no hay delito. Entonces, no tengo causas pendientes en Argentina.” Y me respondían: “Entonces, hágame un escrito y lo mandamos de nuevo”. Diez años estuve así y no me dieron el pasaporte y el cónsul se hartó de verme ir y venir. Una vez llego al Consulado y me recibe con la cara larga y me pregunta: “¿Usted tiene abogado en la Argentina?” No, le respondí. Y me dice: “Ahora el asunto está más serio. Lo acusan de secuestro y homicidio”. Eso había sido una operación, en la cual se había secuestrado a un industrial, donde llegó la policía y lo mataron al tipo. Me puse a investigar, había sido una operación del ERP 22 de Agosto realizada en Buenos Aires cuando yo vivía en Rosario. Nada que ver con nada. El cónsul me dijo: “Pero había unos testigos, pusieron unas fotos sobre la mesa y lo señalaron a usted y a dos más, uno de ellos está en Suecia pero ya volvió a la Argentina para regularizar la situación y en este momento está detenido”. Horrible. Entonces, por medio de mi hermano que vivía en la Argentina conseguí una declaración de la Policía Federal donde constaba que yo no tenía ninguna causa y que estaba totalmente legal. Aun así, no me daban el pasaporte.

Aeropuerto ciudad de México decada del 70
Aeropuerto de la ciudad de México en la década del 70

– ¿Cómo lo resolvió? Usted quería volver…

Una vez, el cónsul se hartó y me dijo: “Usted dígame que perdió el pasaporte y yo le hago un duplicado”. Así fue. Más o menos en el año 93 recibí el pasaporte y me fui volando a Argentina para pisar un poco el suelo, por supuesto que sentía nostalgia y la sigo sintiendo. Llegué a Argentina, llevé algún libro para ver si lo podía publicar pero estaba el menemismo, que era amigo de los milicos, y no querían saber nada. Además, durante el menemismo no se podía hablar del tema subversivo, ni de derechos humanos, ni de un carajo. Solo ser útiles, pasamos al primer mundo, tenemos un peso igual al dólar y Carlitos es el más piola de todos. Así que las editoriales no me dieron bola. Otras veces también mandé unos libros, todavía estaba Menem así que no pasaba nada, pero sí conseguí el documento argentino. Mi mujer no quiere, ni ha querido nunca volver a vivir a la Argentina. Sí fue de paseo, pero quedó más golpeada por toda la experiencia: muertos, desaparecidos, etcétera.  Entonces, nuestro hijo mexicano creció y llegó un momento en que me dije: “Si yo me vuelvo a Argentina, tengo que exiliar a mi hijo que es mexicano y mi mujer tampoco quiere volver”. 

“Durante el menemismo no se podía hablar del tema subversivo, ni de derechos humanos, ni de un carajo”

– ¿Qué particularidades tiene México para los exiliados? Hay grandes colonias de exiliados aquí. Los hijos de los argentinos y argentinas se hacen llamar argenmex: ¿cómo es el vínculo?

El vínculo es positivo y contradictorio. Contradictorio porque aquí llegó una gran cantidad de intelectuales, primero en el 74 con la tres A y luego con los milicos. Llego una intelligentsia interesante y valiosa. Quizás en algunas cosas está un poco por encima del promedio mexicano. Entonces, la gente consiguió buenos trabajos en distintas universidades y eso creó una situación, sumada al estilo peculiar del argentino y más del porteño, donde se confundieron el argentino con el porteño haciendo que no caigamos demasiado bien. El estilo de canchero y sobrador que para el pueblo mexicano, que en general no es muy culto y su educación avanza con muchos problemas, fue un tema. Llegaban los argentinos y daban conferencias. Cuando nosotros llegamos había una industria mexicana de humor sobre los argentinos. Así como en España y en otros lugares. Entonces se exagera: son pedantes, soberbios, se creen los reyes del mundo. 

– ¿A usted qué le generaban esos chistes?

De los chistes algunos eran cómicos e inocentes. Por ejemplo, la Ciudad de México es un valle y dicen que había un argentino que se subía a la montaña más alta para observar cómo se veía la Ciudad sin él. Este era uno de los suaves, había otros feroces. En general, los argentinos fueron aceptados aunque existieron este tipo de contradicciones. El mexicano es muy dado al humor entonces era ahí donde se festejaban ambos. En la actualidad ya casi no hay chistes de argentinos, la situación se ha desdibujado. Existió unos años. En general, el mexicano es buena gente, simpático, agradable, hospitalario. Cuando no deciden hacerse narcos y cortar cabezas.

– ¿Cree que es una elección libre o hay un contexto social que lo fomenta?

La crisis económica impulsó a mucha gente a la delincuencia. Los narcos aparecen como los grandes millonarios. O sea, llegar a ser un jefe narco es mucho para un muchacho del campo que no tiene trabajo o se mata trabajando para apenas subsistir. De repente, ve que no hace falta tanto esfuerzo y que con vender una bolsita puede ganar mucho dinero. Eso tiene que ser uno de los motivos principales, junto a otros, claro. Se deben dar respuestas al por qué tanta juventud se mete en el narcotráfico. Además, el narcotráfico tiene poder, controla zonas y mandan ellos, a estos muchachos les puede resultar atractivo: “Vas a ganar dinero, te van a respetar, te van a tener miedo”. Este es el país en el que estamos.

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