La corte suprema de Brasil rechazó este jueves el hábeas corpus interpuesto por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien de este modo podrá ir a la cárcel tras ser condenado en dos instancias a 12 años y un mes de prisión por corrupción, y aun cuando puede seguir apelando la pena. Un importante revés para la campaña electoral del principal favorito de cara a los comicios de octubre.

El Supremo Tribunal Federal (STF, corte suprema) alcanzó la resolución merced al voto de su presidenta, Cármen Lúcia Antunes, después de que la votación de los 10 restantes jueces terminara empatada con cinco opiniones favorables a admitir el recurso y cinco proclives a rechazarlo.

Fue el niño pobre que venció al hambre, el metalúrgico que sedujo al mundo con su Brasil imparable y ahora un condenado por corrupción camino a la cárcel. Luiz Inácio Lula da Silva ha tenido muchas vidas, pero a los 72 años, puede iniciar la menos gloriosa de todas.

El destino de quien Barack Obama calificaba hace una década como “el hombre” había quedado en manos de la corte suprema, después de que un tribunal de apelación le condenara a más de 12 años de cárcel, acusado de recibir un apartamento de lujo de una constructora involucrada en el escándalo de sobornos en Petrobras.

La causa por la que puede ir preso Lula

En 2008, Marisa Leticia, fallecida esposa de Lula, había comenzado a pagar en cuotas
un tríplex de 82 metros cuadrados ubicado en la ciudad de Guarujá. Pero en 2015 desistió de la compra y pidió la devolución de las cuotas ya pagadas. El departamento nunca estuvo a nombre de Lula ni de su esposa. Sin embargo, la cooperativa Bancoop, gestora original del proyecto inmobiliario, había transferido todo a la empresa OAS, cuyo presidente, Leo Pinheiro, declaró más tarde que la propiedad le había sido entregada a Lula como soborno a cambio de garantizarle a la empresa contratos con la petrolera estatal Petrobras.

En julio de 2017, Lula fue condenado a nueve años y medio de prisión por los delitos de corrupción y lavado de dinero. La medida la dispuso el juez Sergio Moro, quien además lo inhabilitó para ocupar cargos públicos por el doble de tiempo de su condena a prisión, es decir 19 años.

En enero último, tres magistrados de un Tribunal de Porto Alegre no solo ratificaron por unanimidad su condena sino que incluso aumentaron la pena de 9 a 12 años y un mes de prisión.

Solo el Supremo tribunal Federal (STF) podía darle tiempo extra a Lula, que hace un mes reconocía a la agencia AFP que la idea de ir a la cárcel pasaba “todos los días” por su cabeza. Pero este miércoles esa instancia rechazó el habeas corpus solicitado por su defensa.

“Yo no robé. Quiero pelear con el Ministerio Público. Quiero defender mi honra. No voy a permitir que una banda de jóvenes me llame ladrón”, lanzó entonces, al referirse a los fiscales y jueces de la Operación Lava Jato sobre la red de corrupción centrada en la petrolera estatal.

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Lula, que gobernó la mayor economía latinoamericana de 2003 a 2010, se considera víctima de un “pacto diabólico” de las élites para impedir que gane las elecciones de octubre, en la cuales es favorito, con más de un tercio de intenciones de voto.

Esta guerra empezó en marzo de 2016, con la policía despertándolo al alba para llevarlo a declarar. Ya no hubo vuelta atrás en la escalada.

Con otros seis procesos abiertos, la confrontación ha resucitado al combativo líder sindical que no paró hasta saltar de la fábrica al palacio de Planalto; pero la andanada de causas judiciales y ataques mediáticos, más la crisis que acompañó ese proceso, han oxidado aquel histórico 87% de popularidad con el que dejó la presidencia en 2010.

“Estrella de rock” 

De niño, Lula conoció lo más dramático de la pobreza del árido nordeste, su región natal. Séptimo hijo de un matrimonio analfabeto, fue abandonado por su padre antes de que la familia emigrara a la industrial Sao Paulo como millones de coterráneos.

Fue vendedor ambulante y lustrabotas, a los 15 años inició su formación de tornero, perdió un meñique en una máquina y al final de la década de 1970 lideró una histórica huelga que desafió a la dictadura militar (1964-85).

Lula Huelga

Brasilia, sin embargo, se hizo esperar y fue derrotado en tres ocasiones como candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), que cofundó en 1980.

El político al que la revista Foreign Policy calificaría luego como una “estrella del rock de la escena internacional” alcanzó finalmente la presidencia en 2003.

Durante su gestión, empujada por el viento a favor de la economía mundial, 30 millones de brasileños salieron de la pobreza.

Y coronó su doble mandato consiguiendo la sede del Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos de Rio-2016.

“Sin límites” 

En aquellos años de gloria muchos ven la raíz de los problemas que le han llevado a las puertas de la cárcel. Así lo cree por ejemplo Antonio Palocci, que fue su ministro de Hacienda y uno de los hombres fuertes del PT, ahora preso por corrupción y dispuesto a negociar una “delación premiada” contra su ex jefe.

“[Lula] se disoció definitivamente del niño pobre para navegar en el terreno pantanoso del éxito sin crítica (…), del poder sin límites”, escribió.

Juntos habían sobrevivido al escándalo del ‘mensalao’ de 2005, una millonaria contabilidad ilegal para comprar el apoyo de congresistas, tras el que Lula descabezó la dirección del partido.

Él logró mantenerse al margen, fue reelegido en 2006 y en 2010 consiguió la victoria de Dilma Rousseff (destituida en 2016 por el Congreso).

Poco después, le diagnosticaron un cáncer de laringe que superó, aunque dejó huella en la voz rasgada con la que ahora clama que seguirá luchando para regresar y restituir el honor de su esposa, Marisa Leticia, incluida en varias de sus causas judiciales hasta su repentina muerte hace un año.

Festejan la derecha, los militares y los mercados

Los mercados, que en los últimos días daban señales de inestabilidad ante la posibilidad de que Lula pudiera apelar en libertad su condena a más de 12 años de cárcel, respiran aliviados, al igual que el presidente conservador Michel Temer, quien llegó a ese cargo luego del oscuro impeachment contra Dilma Rousseff. Sin embargo, tanto él como muchos de sus aliados deberán evaluar si lo que ocurrió los librará sobre todo de un rival político de talla o, más bien, los dejará más expuestos a los fiscales y jueces de la Operación Lava Jato.

En Brasilia, sede del tribunal, se lanzaron fuegos artificiales cuando la votación aún no había concluido y en Sao Paulo se escucharon bocinazos celebrando la decisión.

Reuters
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El que fue el presidente más popular de la historia reciente de Brasil (2003-2010) se declara inocente en este proceso y en los otros seis que enfrenta por delitos como tráfico de influencia y obstrucción a la justicia, y los atribuye a una conspiración para evitar que regrese al poder.

La polarización que vive Brasil dejó paso a la violencia con un grave episodio ocurrido a mediados de marzo, cuando Marielle Franco, la activa militante feminista, negra y defensora de los derechos afrodescendientes en Brasil fue asesinada en Río de Janeiro. Había sido la quinta concejal más votada en 2016 por el opositor Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y denunciaba la reciente intervención militar en la ciudad carioca.

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Continuó a fines del mismo mes, cuando una caravana proselitista del líder de la izquierda fue atacada a balazos en el sur del país, en lo que muchos calificaron como un claro intento de asesinato contra Lula Da Silva.

La derecha, lejos de repudiar el hecho, lo justificó. Y alimentó las presiones sobre el STF.

En un inusitado mensaje vía Twitter, el comandante del Ejército, el general Eduardo Villas Boas, aseguró el martes “compartir el ansia de todos los ciudadanos de bien, de repudio a la impunidad y de respeto de la Constitución, la paz social y la democracia”.

El mensaje recibió un entusiasta apoyo del diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, un ex militar, segundo en las encuestas electorales (aunque con la mitad de intenciones de voto de Lula).

“El partido del Ejército es Brasil (…) Su comandante es un soldado al servicio de la Democracia y la Libertad. Así fue en el pasado y así será siempre. Con orgullo: ‘Estamos juntos, General Villas Boas'”, escribió Bolsonaro.

Previamente, un militar en la reserva, Luiz Gonzaga Schroeder Lessa, también afirmó en una entrevista radiofónica que si el Tribunal Supremo Federal deja a Lula en libertad “sólo quedará el recurso de la reacción armada”.

Todo ello despertó el repudio de muchos políticos, formadores de opinión y de Amnistía Internacional, que emitió una nota, afirmando que “las declaraciones del general son una grave afrenta a la independencia de los poderes, al debido proceso legal, una amenaza al estado democrático de derecho y un desvío del papel de las Fuerzas Armadas”.

(Con información de agencias Télam y AFP).

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