Ahora que el califato es un sueño imposible –ya no controla territorios- y que el Estado Islámico se desmorona en todos los frentes, la principal preocupación de las potencias occidentales reside en qué actitud tomar con las decenas de miles de combatientes procedentes de distintos países del mundo que todavía deambulan por la zona de conflicto.

Muchos de los 80 mil ex miembros del ejército de Irak que fueran licenciados desde la ocupación de ese país por parte de Estados Unidos y sus aliados y se sumaron a la “guerra santa”, así como los más de 100 mil miembros de las tribus sunitas del oeste iraquí,  han sufrido una enorme sangría, pero los sobrevivientes lograrán seguramente reinstalarse en sus comunidades sin mayores inconvenientes. En cambio, los yihadistas activos que aún estén vivos, de los 40 mil que pertenecían al EI, han cometido, por lo general, atroces crímenes de guerra y no es probable que sean tratados con indulgencia, salvo que logren los padrinazgos indispensables para reconvertirse. Como ya es tradición, la CIA se encargará seguramente de conchabar a quienes demuestren mayor espíritu mercenario para utilizarlos en la defensa de los intereses imperiales en el mismo escenario de sus tropelías. No obstante ello, la mayoría constituye un peligro latente por su disponibilidad permanente para las tareas sucias.

Se supone que serán numerosos los que escaparán por sus propios medios e intentarán burlar controles fronterizos y policiales, otros tantos huirán en pequeños grupos e intentarán repetir la experiencia del EI en territorios más acotados y con  un formato más adecuado a sus posibilidades reales. Una minoría, posiblemente se integre a Al Qaeda u otros grupos fundamentalistas o buscará ingresar a las zonas de Siria donde todavía se combate.

Lo cierto es que, más allá de las hipótesis, ya existen datos ciertos sobre su actividad en la región de Tripolitania, en Libia, de la captación de algunos de estos elementos por el gobierno de Yusip Erdogan, con la finalidad de que colaboren con las tropas regulares turcas que combaten contra los kurdos y de su incorporación a los grupos que la CIA entrena con el objeto de desestabilizar al régimen venezolano de Nicolás Maduro. Además, el jefe del Estado Mayor iraní, general Mohammad Baqeri ha denunciado que la US Air Force estaba trasladando a miembros del EI hacia Afganistán y un senador pakistaní aseguró que la India estaría incorporando combatientes del EI a una milicia que se propondría infiltrar a los insurgentes musulmanes de Cachemira para procurar su destrucción.

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