Es posible encontrar decenas y decenas de citas del General Juan Domingo Perón refiriéndose a la CGT y a sus dirigentes, como la columna vertebral del Movimiento Peronista. Tal vez el discurso más emblemático de este tenor fue el del 1° de Mayo de 1974 cuando Montoneros fue a preguntar (no fue a confrontar) ¡¿Qué pasa General que está lleno de gorilas el gobierno popular?!

Decenas de miles de jóvenes que militaban orgánica y disciplinadamente en Montoneros y/o en sus organizaciones de superficie, las JPs, fueron a reclamarle tímidamente, mediante una pregunta simple y directa, buscando entender por qué los había dejado fuera del gobierno y los estaba persiguiendo a ellos, que habían dado la vida por su retorno.

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En esta oportunidad Perón no fue ambiguo y no se guardó nada. Montoneros y sus decenas de miles de jóvenes eran imberbes, estúpidos que gritan. La contraposición fue con la CGT y sus dirigentes: sabios y prudentes, que han sabido defender a sus instituciones durante dieciocho años.

Este posicionamiento de Perón es el que se llevó a la tumba. Lo  mantuvo desde que lo acuñó allá por 1944/5 y no lo modificó en treinta años.

Antonio Caffiero fue el primer peronista que planteó la necesidad de una Renovación para dejar de lado formas y conceptos negativos de peronismo, entre ellos la cuestión de la columna vertebral como expresión de una centralidad absoluta de la clase trabajadora respecto de la política del peronismo. El planteo demoró veinte años en integrarse orgánicamente al PJ y encontró en Néstor Kirchner, y especialmente en Cristina Fernández, el soporte político y teórico necesario para desplazar a la clase trabajadora y sus dirigentes sabios y prudentes de la columna vertebral del Movimiento y reemplazarla por una clase media urbana y rural, los consumidores de bienes y mercancías por excelencia, necesaria para el fortalecimiento de una burguesía nacional capaz de llevar adelante una administración virtuosa y eficiente del capitalismo. ¿El lugar de la CGT y las otrora invulnerables 62 Organizaciones Peronistas? Un apéndice del Movimiento, apenas el apéndice de los intestinos con todas sus implicancias.

¿Pero cómo es que esos dirigentes tan sabios y prudentes permitieron que eso ocurra? ¿Acaso sus organizaciones no tuvieron la fuerza necesaria para resistir esa reconversión de su papel después de casi cincuenta años de sostener el cuerpo del Movimiento?

El secreto está en que los sindicatos también sufrieron una poderosa reconversión, es decir, con la misma carcaza se transformaron por dentro en otra cosa. Simultáneamente sus dirigentes, aparentemente sin modificar misiones y funciones, cambiaron de clase social. Hoy no sólo son propietarios de bienes personales de alto valor (como en general se los denunciaba cuando los Montoneros fueron a la Plaza a preguntarle a Perón) sino que son socios capitalistas en la producción de mercancías y por lo tanto en la generación de plusvalía. Fue esta la razón por la cual abandonaron sin muchas quejas la incómoda situación de ser la columna vertebral de semejante corpacho político y social. No fue una razón política, fue económica. Y su transformación se dio en simultáneo – no por casualidad – con las transformación de la dirigencia China y Rusa (y demases administradores de ex – Estados no capitalistas) en grandes capitalistas. Fue una política mundial del imperialismo y el gran capital promover esta reconversión de los dirigentes burocráticos de las organizaciones obreras de todo el mundo, fueran dirigentes de estados o de sindicatos.

Hoy, algunos de los principales sindicatos argentinos son grandes empresas capitalistas que explotan mano de obra asalariada para la producción de plusvalía en una gran cantidad de rubros. Desde el transporte de electricidad hasta la perforación y mantenimiento de pozos petroleros, desde la explotación de vías férreas hasta los que son parte de la administración de puertos. En realidad, salvo excepciones, la totalidad de los sindicatos argentinos engordan sus cuentas bancarias con fondos provenientes de negocios privados y no por los aportes de sus afiliados. Porque otra de las fuentes de acumulación de capital es la explotación de la formación para el trabajo. Tarea esta que la hacía el Estado mediante las Escuelas Técnicas (hoy inexistentes) o mediante las escuelas de oficio de las propias patronales. En la actualidad toda la formación laboral está en manos de sindicatos (de las CTAs o de las CGTs) que reciben subsidios del Estado como cualquier empresa educativa privada o cobra sus prestaciones de servicio a particulares de igual manera.

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El kirchnerismo no abandonó a su columna vertebral sino que se acomodó a la realidad que encontró a su llegada al gobierno y no pretendió modificar esa situación (como no pretendió modificar muchas otras). Por el contrario, cuando algún dirigente insinuó desconocer esa realidad (remember Moyano) Néstor y Cristina le recordaron muy gráficamente que su lugar estaba en el intestino. ¡Había llegado la clase media a sostener el esqueleto y sus dirigentes no eran ellos!

El raquitismo de la clase media para sostener semejante corpacho se demostró un verdadero problema. Sus consecuencias, más tarde o más temprano, quedaron a la vista. El asunto ahora, como diría mi psicólogo, es qué hacemos con esto.

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