Contratapa accedió a la entrevista que la productora Primate le realizó a Laura Fernández Cordero en el marco de la mini-serie documental “Salud, Libertad ¿y Anarquía?” que se presentará públicamente en abril del año próximo. Laura Cordero es socióloga, investigadora del Conicet, responsable del área académica del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI). Publicó recientemente el libro Amor y Anarquía, experiencias pioneras que pensaron y ejercieron la libertad sexual, una apuesta por reponer los debates entre los y las anarquistas de finales del siglo XIX y principios del XX, su influencia en los movimientos feministas contemporáneos y la potencia de trazar puentes entre las luchas políticas actuales y las del pasado. 

Ante el formato de matrimonio burgués, los anarquistas plantean el concepto de “amor libre”. ¿Qué es el amor libre para los anarquistas?

En el libro trabajé prensa anarquista y me interesaba la discusión entre personas comunes y no entre grandes celebridades del anarquismo. Personas comunes que sabían leer y escribir en aquella época que no eran tan comunes en verdad. En esa prensa nunca se ponen de acuerdo sobre qué era el amor libre: la unión libre o el amor libre. La primera era el formato más acotado, las monogamias sucesivas de mutuo consentimiento, duraba lo que duraba las ganas de estar juntxs de esa pareja. El amor libre, en el otro extremo, era el más radical que podía implicar más de dos personas, múltiple y contemporáneo, más parecido a lo que hoy llamaríamos poli-amor. Para algunxs eso era un libertinaje y para otrxs era el único modo de entender el amor. Esto tenía varias cuestiones en juego: lo instintivo-lo racional, la cuestión de la mujer deseante. Una cosa es habilitar y otra cosa es vérsela con compañeras deseantes y decidoras. Otro tema era la homosexualidad como límite y la desestabilización del sistema de parentesco (en una relación múltiple en ese momento no había modo de saber quién era el padre). Por un lado, está buenísimo esto de romper con la idea de matrimonio y herencia y por otro lado desestabiliza. No todxs se avenían a que se desestabilizara tanto una sociedad a pesar de que en otros sentidos querían hacerla estallar. No hay acuerdo sobre qué es el amor libre. En cambio, sí hay acuerdo sobre la idea de criticar el matrimonio burgués e inventar otros modos de relaciones menos hipócritas, no vinculadas al adulterio y la prostitución.

Laura

¿Es posible pensar en una práctica sexual libre en un contexto donde el aborto no era sólo clandestino, sino repudiado dentro del propio anarquismo, al tiempo que había un limitado acceso a métodos anticonceptivos?

Eso es lo que se plantea en ese momento en la práctica sexual: el qué hacer con lxs hijxs producto de esas relaciones, el problema de habitabilidad, las deportaciones, la violencia hacia las mujeres, la posibilidad de que ellas pudieran decidir (maternidad consciente). Todo esto era un problema para la práctica del amor libre. También el marco fuertemente heterosexual. Era muy difícil de vencer y difícil de encontrar rastros propiciatorios de esas otras relaciones. La mayor parte de los discursos eran condenatorios hacia la homosexualidad. En la obra de teatro los invertidos, hay escenas con personas homosexuales y travestis, pero el final es la muerte. El cierre está vinculado a la tragedia.

En los años 30 y 40 hay discursos más médicos que empiezan a pensar la homosexualidad como innata o adquirida en consonancia con un discurso de la sexología del momento. El anarquismo no está aislado de una moral de la época, y a pesar de que discute en gran parte con ella, hay otra parte en la que acuerda.

 

tapa Fernandez Cordero

El anarquista ortodoxo planteaba como un principio el no engañar a la pareja. ¿Qué potencias negativas se instalan con ese principio tan férreo que llevan a ser capaz de someter al cuerpo indócil e incluso querer matarlo? Como en el caso que planteás en tu libro, en el que el carpintero anarquista le dispara a su compañera cinco tiros porque ella le comenta que “le surgió otro afecto“.

Ahí la crítica es que el matrimonio no funciona sin adulterio. Entonces se pregona abandonar este formato. Si una pareja decide estar junta, no debería existir el adulterio, porque el deseo está allí. Otras y otros plantean que el adulterio es el germen del amor libre: existe porque el deseo es móvil, porque se eligen otras parejas. Entonces lo que hay que hacer es fomentar eso, no acallarlo en la figura del adulterio. Ahí hay otro de los casos: Roberto de las Carreras, literato y poeta de Montevideo, que se une con una joven y se casa por una cuestión de necesidad. Al poco tiempo estalla en Montevideo el rumor de que ella lo está engañando. En lugar de repudiarla, Roberto de las Carreras sale a escribir unas notas en las que dice: ella es la verdadera practicante del amor libre porque se aviene a otras relaciones por fuera de la pareja. Ahí hay otra versión del adulterio diferente. Retomando un episodio polémico acá en Buenos Aires, un cronista de La Protesta lee eso como un manual de la pornografía: eso no es amor libre, eso raya con el libertinaje y la explotación de ese hecho como beneplácito del autor, que ganó en publicidad.

Esto que comentás me hace pensar también en la relación amorosa entre América Scarfó y Severino Di Giovanni, que fue criticada por los propios compañeros anarquistas.

En esa carta que América le manda a Emile Armand, algunxs dicen que ella le escribe a una autoridad para que le dé la venia a lo que estaba haciendo. Recordemos que ella estaba manteniendo una relación con un hombre que estaba casado con una mujer y tenían hijxs. América y Severino viven una relación de amor libre muy breve porque a él lo fusilan en 1930. También surgía el tema de que ella era más chica, pero en verdad en ese momento no era para nada raro que una chica de 16 se casara con alguien mayor. Esa carta que ella manda para mí no es ningún pedido de autorización de Armand, para mi es una respuesta a todo el resto. Armand le contesta muy bien y le dice, yo no tengo nada que decir sobre esto, estás haciendo lo que te parece que hay que hacer. Es muy interesante esa carta. Ella es muy chica y tiene esa profundidad para pensar una situación subjetiva y política en un momento muy complicado. Severino era muy controvertido por sus acciones violentas, incluso al interior del anarquismo.

Severino y América
América Scarfó, de 14 años, se enamoró de Severino Di Giovanni, que no sólo la duplicaba en edad, estaba casado y tenía tres hijos sino que, además, era considerada la figura más emblemática del anarquismo

Parece bastante injusto que América haya pasado a la historia como la amante de Severino…

Sí, de hecho luego de ese hecho trágico (el fusilamiento de Severino), ella funda una editorial, Americalee, donde hizo un trabajo muy interesante que se conoce muy poco. El Cedinci tiene un portal que se llama Americalee. Ahí hay un mandato de Severino: América lee, pero también se lo puede recuperar como, bueno… América leyó y además ella ya tenía sus propios intereses, su curiosidad, sus hermanos estaban cerca del anarquismo y con eso hace luego una editorial y la lleva adelante con otro compañero.

Pensando en el portal del Cedinci que mencionás, entiendo que también está esta idea de recuperar una tradición anarquista vinculada a fundar editoriales, bibliotecas, publicar libros…

Es parte de una impronta de unas izquierdas que tuvieron una producción cultural y una incidencia en la cultura argentina que no fueron reconocidas, porque me parece que se reconoce más la derrota, lo que no pudo, lo que no logró, lo que no talla. Sin embargo, hay muchos aspectos en los que talló y mucho. A mi me interesaba recuperar esas aristas en las familias de las izquierdas, no condenarlas solo como una posición misógina y patriarcal – que también lo es y fuertemente-. Pero poder recuperar esas otras voces que se dan en el socialismo y en el anarquismo para tener un panorama de izquierdas más plurales, y me parece interesante porque posibilita pensar hoy unas izquierdas que tengan alguna chance de intervención política en sentido amplio.

La frase que le decían las mujeres anarquistas a sus compañeros varones: “Anarquía y libertad; las mujeres a fregar”, ¿qué viene a denunciar?

Viene a denunciar la hipocresía de un movimiento que declaraba la emancipación de la mujer, que venía a destruir todo tipo de opresiones mientras que algunos protagonistas terminaban siendo unos tiranos en su hogar e incluso en sus periódicos. De allí la ironía de anarquía y libertad mientras las mujeres hicieran lo de siempre: fregar. Acompañado con otros discursos que denunciaban a los falsos anarquistas que promovían el amor libre en mujeres que no fueran las de sus familias y menos en relación a sus parejas.

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Para los anarquistas, “La revolución social no se da sin revolución sexual”. Teniendo en cuenta este planteo, ¿cuál creés que es el aporte libertario al movimiento feminista actual?

En el libro hice una apuesta con una introducción que habla de una sensibilidad libertaria, que se trata de ver en estos discursos anarquistas aspectos a tener en cuenta en cualquier lucha que hoy se pretenda emancipatoria. Una es la desconfianza en el Estado como el garante de las relaciones, de los sistemas, de los valores. Este doble juego de te protejo, pero también te controlo, te reconozco, pero al reconocerte te enmarco. Otro tiene que ver con iluminar otro tipo de opresiones más allá de las de la política más tradicional, reconocer -como ha venido haciendo el feminismo- las opresiones en el hogar, la familia, el discurso amoroso, la idea de la protección masculina. En términos más generales, la posibilidad de pensar por fuera de los marcos dados. Es una invitación a una utopía sexual más amplia, donde podamos pensar distintas identidades de género expresándose. A mí me interesa más la alianza entre distintos feminismos y los movimientos LGTB, que las separaciones. Claro que no es fácil de construir, porque siempre hay alguien que quiere hegemonizar. Así que esa sensibilidad libertaria me parece que tiene que ver con muchas de esas cuestiones. La idea de que es necesario tomar la voz y la palabra. Los varones que quieren acercarse al feminismo lo primero que podrían hacer es callar un poco, escuchar, para estar atentos y ver si alguna compañera no está pudiendo hablar, repartir los micrófonos, los recursos, etcétera.

¿Qué papel le asigna al cuerpo el movimiento anarco-feminista?

Yendo al anarquismo, a mí me interesaba un tema que aparecía mucho en la prensa que es la idea de “carne de cañón”. Ser carne era ser lo menos. Eso está ligado al imaginario muy racionalista, donde el cuerpo es pensado desde el orden biológico, lo salvaje, lo instintivo. En la escala de valores, lo racional, la razón, las ideas son superiores al cuerpo. Cuando alguien es llevado al colmo de la sujeción, es carne de cañón. El extremo de la dominación de la mujer es el cuerpo en la mesa de la autopsia. Ya el cuerpo pura carne, sin vida. Ellas señalan muchas veces la idea de “cuerpo de explotación”. Es el imaginario del cuerpo sin voluntad. Más difícil es encontrar la idea del cuerpo en sentido propositivo. Siempre hay temor de que lo instintivo se vaya de mambo. Está la idea de que la naturaleza es rectora, si nos llegamos a dejar llevar por los instintos puede haber una caída a la promiscuidad, el envilecimiento. Como que hay que ponerle un coto al cuerpo -menos construido socialmente y entendido como un dato de la naturaleza-.  

Sorpresivamente, en una conferencia que da Pietro Gori (anarquista italiano) en 1902, termina una alocución muy libertaria sobre el amor libre que le dice a las mujeres: ¿acaso tu cuerpo no es tuyo? También hay una nota menos condenatoria sobre el aborto, donde está la idea del derecho al propio cuerpo. Empieza a aparecer la idea del cuerpo como algo a ser cuidado. En los 30 y los 40 empieza a surgir esta idea del cuerpo como templo, el anarquismo no está lejos de discursos como el naturismo, de la alimentación, de cuidado racional sobre el cuerpo. Sin embargo, no les es tan fácil a las mujeres de los años 20 pensar esta idea del derecho a decidir sobre el propio cuerpo.  

Cordero

Teniendo en cuenta la reposición de los debates anarquistas que hacés a partir del libro: ¿cuál es el aporte de los anarquistas respecto al debate feminista actual en torno a los polos prostitución-trabajo sexual?

La posición que encontré en esos debates es la más clásica en el sentido de que la prostituta es víctima de las víctimas, el sistema la arroja a los márgenes, cae porque la engañó un seductor, porque es muy pobre y no le queda otra. Lo cierto es que convivían con múltiples situaciones de entrada y de salida de la prostitución. Esa posición es una en la que a la prostituta no se la escucha demasiado y cuando se la escucha habla desde ahí, por lo menos en el orden del discurso. Eso visto desde un debate contemporáneo tan complejo en el que se pasa a pensar muy polémicamente en la prostitución o el trabajo sexual en el marco de algo muy diferente que es la trata, con una legislación reciente sobre la lucha contra la trata, y con algunas voces más cantantes de mujeres que se definen como trabajadoras sexuales. Suena como una posición anacrónica. Pero bueno, es la posición más clásica de las izquierdas. No encontré una ruptura como por ejemplo la posibilidad de pensar que una mujer elija ante la posibilidad que le ofrece el mercado, trabajar con su cuerpo prostituyéndose. De hecho, estaba mal visto el consumo de prostitución por parte de los varones. De hecho, no lo llamaban consumo, porque consumo es parte de otro imaginario (consumo-cliente, trabajo sexual).  

Lo clave sería escuchar la voz -que no se escuchaban en aquel momento- de las mujeres en el mercado sexual: las prostitutas, las trabajadoras sexuales. Ahora se están empezando a escuchar estas voces, no son simétricas ya que algunas tienen más capacidad de hablar, otras no, hay que ver qué nivel de representación tienen esas otras voces. Pero escucharlas implica que no siempre te van a decir lo que querés, algunas (como algunas compañeras trans abolicionistas) lo van a cuestionar. ¿Qué consentimiento hay en criaturas que son prostituidas muy tempranamente? Es un debate que no voy a poder saldar y que cada quien toma una posición política. Me parece que las personas que trabajamos en la sociología deberíamos poder mantener una mirada analítica que pueda dar voz a las distintas posiciones. Creo que es interesante que haya una posición más técnica, pero bueno no es fácil.   

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