Adolfo Bioy Casares dijo alguna vez que todas las personas merecemos ser llamadas héroes por el simple hecho de la muerte. A esa categoría habría que agregar otra causa: los que han sobrevivido a alguna crisis, a un abandono, al fin de aquello que deseaban perdurar: el fin del amor bien puede incluirse en ese rango. Terminar un momento de vida compartido con otra persona compañera de nuestras vicisitudes puede ser efectivamente un momento de quiebre. ¿Qué hacemos después entonces? Atravesar esos momentos con astucia y resignación es también batallar la vida. Nahuel Briones comprendió que se puede hacer arte, y Guerrera/Soldado, su nuevo gran disco, indaga en esa melancolía, de la cual este disco está plagado de referencias.

El anterior disco de Briones, El Cruce de los Unders, era un disco en donde el amor se destacaba entre todas las cosas. A la hora de escuchar esta nueva producción no podemos decir que efectivamente sea el amor, porque la gran mayoría de sus canciones son de desamor, un sentimiento acaso más universal. No menos personal que el anterior disco, Guerrera/Soldado es un disco sumamente intimista.

Las canciones que son las protagonistas del disco, son alter egos del cantante, pero también de cada uno de nosotrxs: no hay nadie que día a día, esté librando una batalla personal. El amor, o la falta de, nos pone a prueba.

Terminar una historia implica pensar otro futuro que predestina cierto aciago. Por eso en “Garantizame” canta “garantizame que voy a estar bien / solo así, eventualmente, déjame”, y luego agrega: “No tengo miedo de que estés con alguien / solo de que estés pasándola mejor”. Las marcas que deja el amor tiene sus secuelas en “Basura blanca” cuando dice “Atravesaste mi corazón como un hacha / Fuiste lo más dulce que existe / Yo no sabía que la alegría / también te puede volver loco”. Amar también es esperar: “Vos sos mi pesadilla al revés / Esperaría todo el día a toda hora / tu estirpe de campeona en llamas” dice en “Guerrera”. En “Soldado” sostiene una verdad de Perogrullo pero que hay que repetirla: “Una cosa es querer con locura / y otra enloquecer”.

Nunca conocemos los límites de nuestro amor. ¿Cómo se puede amar con moderación? ¿Es posible? El amor, para nuestro artista, no es suficiente: “Parece que esta vez es el amor quien viene a curar / toda la amargura y la violencia / Pero ¿no lo ves? / Solo con amor no vas a zafar / Fíjate de que historia sos el protagonista / ¿Qué quisiste inventar?” canta junto a la notable Ivanna Colonna Olsen en “Cuervos”, un bolero bien ejecutado.

Hay que resignarnos o aceptar: “Nadie te va a hacer sangrar / ni te va a poner un sapo en el pan. / Nadie va a morir en tus brazos / (al menos hoy)”, canta en “Discípulo”. Y en “Sailor Moon”, el hit del disco, la Guerrera/Soldado desea que la otra persona sea libre: “Quiero que seas feliz. / Sé libre / sé lo que quieras / menos policía / por favor”.

Sin embargo, los recuerdos quedan tan puros como lo fueron en su presente: “Nuestra casa soñada / un día se hizo polvo, / si bien no diste una explicación / entendí claro el concepto “adiós” / (…) / No te echaría la culpa / porque no corresponde, / te amé como un ateo con fe, / creí en milagros que me inventé. / (…) / Siempre estaremos juntos / (ahora desde lejos), / nos unen los fracasos de ayer, / la falta de coraje al crecer. // Nada es intransferible,  / aunque creamos eso. / Observo mi regazo y no estás. / Alguien ocupará tu lugar”, canta en el tema más intimista (y el mejor) del disco, “Martes al mediodía”.

Todos somos Guerreras y Soldados de una lucha indescifrable. Permitirnos salir de ese combate, con arte, con ganas, con amor, es un necesario deber.

Para escuchar el disco, dar click en este link

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