El afiche del 32º Festival Internacional del Cine de Mar del Plata expone a cuatro estrellas femeninas que supieron no sólo brillar en la gran pantalla sino que han sido pilares fundamentales de nuestro querido cine argentino. Todas ellas hicieron la Historia (con mayúsculas) del Cine Nacional. Todas ellas interpretaron, a su manera, mujeres fuertes, de armas tomar. Podemos estar más o menos de acuerdo con sus ideologías, pero si revisamos aunque sea una película de cada una de ellas en este momento nos daremos cuenta de lo que estamos hablando.

Pero lo llamativo de este 32º Festival es que en toda su programación de más de 300 títulos no alberga ninguna película de estas mujeres. Ni retrospectivas, ni homenajes. Ni siquiera en la sección “Rescates”, dónde la única perla que encontramos (con perspectiva de género) es la restauración de Camila (1984) de María Luisa Bemberg. Sólo aparece Norma Aleandro prestando su voz en el corte institucional de “CINAIN” que es la “Cinemateca y Archivo de la Imagen Nacional” que pasan antes de cada función del festival.

Las hipótesis pueden ser varias: que Fernando Martín Peña ya no es más el director artístico del Festival de Mar del Plata; que hayan cambiado las autoridades del INCAA (de una manera muy burda); que este 32º Festival tuvo un evidente recorte en su presupuesto (no hubo muestras de cine en “Paseo Aldrey”; “El paseo de la imagen” en el “Teatro Auditorium” estaba vacío, hubo un solo libro de cine argentino para comprar, la ciudad no estaba tan empapelada como los años anteriores, haciendo que los mismos habitantes de Mar del Plata ni siquiera sepan que había un festival de cine a metros de sus narices). Con todo esto, cómo vamos a pretender que se recuerden a “LAS MUJERES” del cine argentino.

Habiendo estado un fin de semana en Mar del Plata por el Festival (el noveno festival al que asisto) voy a hablar de tres películas que me hicieron olvidar por un momento de la terrible omisión que dio pie a esta reseña. Las películas que elegí dentro de las que pude ver son películas interpretadas por mujeres, algunas dirigidas por hombres (que integraron la sección “Autores”) y una dirigida por una mujer, su ópera prima, que le valió ni más ni menos que integrar la sección de “Nuevos Autores” (pero nunca van a decir: “Autoras”).

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La primera película visionada fue La forma del agua,  interpretada por una excelente Sally Hawkins (“La felicidad trae suerte”; “Blue Jasmine”), por la que Guillermo Del Toro ganó el León de Oro a la mejor película en el Festival de Venecia. La historia se sitúa en el contexto de la Guerra Fría en EE.UU. La protagonista se llama Elisa Esposito (Hawkins), una empleada de limpieza en un laboratorio del Gobierno. Elisa es muda, pero eso no la imposibilita de poder comunicarse. Tiene un vecino artista, Giles (Richard Jenkins) y una compañera de trabajo, Zelda (Octavia Spencer); ellos serán sus ayudantes. La vida de Elisa cambia por completo cuando descubre en el laboratorio a un ser acuático, mitad hombre, mitad pez (Del Toro nos regala un homenaje a “El monstruo de la laguna negra” de 1954), con el que entablará primero una amistad, luego la película se convierte en una fábula romántica bellísima. El film es preciosismo puro aunque no faltarán los malos como Strickland (Michael Shannon) al que nuestra heroína femenina le regalará un insulto, en lenguaje de señas, realmente exquisito.

Cuando Del Toro presentó su película en Venecia dijo: El cine fantástico es un género político. En este momento, nuestra primera acción política debería ser escoger el amor por encima del miedo. Vivimos en tiempos en que el odio y el cinismo son usados de forma penetrante y persuasiva. Nuestra primera misión cuando nos levantamos tiene que ser creer en el amor.

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La segunda película nos sorprendió gratamente por la calidez y la precisión de su realizadora Karni Haneman, que no sólo escribió y dirigió Fuck You Jessica Blair, sino que además la interpreta junto a Jessy Daner. Es una ópera prima indie israelí, sencilla, sin pretensiones, que se sostiene en el deambular y en los diálogos entre las protagonistas que conocen en el camino a dos muchachos que casualmente están en la misma que ellas. Los cuatro personajes son jóvenes, ya pasaron la adolescencia pero algo queda en ellos, que no pueden soltar. Todavía se encuentran en la encrucijada de la búsqueda de identidad, en un contexto geográfico que les da culpa y rabia, por ser desértico y solitario, por no dar demasiadas opciones al futuro. La película nos habla de muchas cosas, entre ellas de la elección sexual de dos amigas que se quieren mucho más de lo que suponen y si bien son de nacionalidades distintas, el ser mujeres y de la misma edad las hermana más allá de las fronteras.

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La última noche, nos deleitamos con el film Tres avisos por un crimen, interpretada por la genial Frances McDormand en el papel de Mildred Hayes (nombre homenaje a la gran “Mildred Pierce” de Michael Curtis, 1945, o como le pusieron en Argentina “Suplicio de una madre”). La película también ganó en el Festival de Venecia al mejor guion en manos de su realizador Martin McDonagh. La historia está ambientada en un pueblito perdido de Missouri (EE.UU) dónde una madre que perdió a su hija (a la que violaron, mataron y quemaron), la policía todavía no detuvo a ningún sospechoso. Nuestra protagonista decide poner carteles al costado de la ruta preguntando a las autoridades sobre el caso de su hija asesinada. Esto desata un verdadero desastre, una lucha sin cuartel entre los habitantes y la autoridad. Entre Mildred y la policía, el alguacil Willoughby (Woody Harrelson) y el policía Dixon (Sam Rockwell). Cuando el pueblo es chico, el infierno es grande, dando como resultado una película tragicómica con tintes de humor negro. Una verdadera joya.

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