El notable resultado obtenido por el Frente Amplio en la primera vuelta de las recientes elecciones chilenas, que lo constituyó como la tercera fuerza con el 20 por ciento de los votos, fue analizado por los medios masivos de comunicación solo en lo que hace a cuál será la actitud que adoptará ante el balotaje que enfrentará al candidato de la coalición gobernante, Alejandro Guillier, con el representante de la derecha neoliberal, Sebastián Piñera, quien estuvo lejos de obtener el esperado triunfo en primera vuelta. En cambio, poco se informó acerca de las características, estructura interna y objetivos programáticos de la organización emergente de un conjunto de liderazgos e iniciativas político-sociales que decidieron aliarse para canalizar la crisis de representatividad y el malestar imperante en distintas franjas sociales de la población.

Las elecciones generales de 2013 marcaron el inicio de un proceso que culminaría con la convergencia entre los distintos grupos nacidos de las luchas estudiantiles. Izquierda Autónoma, de carácter marxista autonomista, surgió de la experiencia militante de 2008 en la Universidad de Chile y logró llevar al Parlamento a su principal dirigente, Gabriel Boric. Revolución Democrática, por su parte, se fundó en 2012, sobre la base de la militancia de la Universidad Católica, con el horizonte de construir un proyecto socialista y participativo e impuso a su líder Giorgio Jackson como diputado por Santiago Centro. En tanto, Izquierda Libertaria es fruto de la articulación del Frente de Estudiantes Libertarios (FEL), la Organización Comunista Libertaria (OCL) y la Unidad Muralista Luchador Alfredo Miranda. Su concepción anarquista dificultó la participación electoral en 2013, cuando se produjo un quiebre entre quienes crearon una estructura denominada Red Libertaria, que presentó una lista de aquellos que se negaban a integrarse a la legalidad política.

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Izquierda Libertaria en plena marcha por las calles de Chile

A estas tres corrientes se sumó más tarde el Partido Humanista. Andrés Fieldbaum, vocero de Izquierda Autónoma, le puso límites precisos a la unidad: “Para mí, y creo que para todos los compañeros y compañeras de nuestra generación, la Concertación (socialistas, democristianos y otros partidos menores) siempre fue lo mismo que la Nueva Mayoría (integrada por las mismas fuerzas más el Partido Comunista). Los intereses sociales que hay detrás, sus vínculos con el empresariado, su ideologismo neoliberal jamás podrán cambiarlo. Por ello nunca vamos a ser parte de eso”.

Marcela Sandoval, referente de Revolución Democrática planteó un matiz diferencial: “No queremos contribuir al bipartidismo. Hoy tenemos un desafío grande por delante, abriendo conversaciones a distintos actores”, dijo, y añadió significativamente: “Nos interesa tensionar a algunos sectores que están hoy en la Nueva Mayoría, como el Partido Comunista. Sabemos que no se van a retirar en el corto plazo, pero sentimos que es un actor que debiera ser parte del Frente Amplio”.

Los cinco puntos que forjaron la confluencia fueron: 1) Independencia total del poder empresarial 2) Un programa construido democráticamente como base de unidad. 3) La conformación de una fuerza política y social transformadora cuyo propósito es superar el sistema neoliberal 4) La unidad en la diversidad, con vocación participativa, democrática y plural. 4) Constituirse en alternativa al duopolio conformado por la Derecha y la Nueva Mayoría. En uno de sus documentos constitutivos se subraya que el objetivo central consiste en “intervenir y participar del espacio político para transformar la sociedad y avanzar hacia más democracia, más libertades, más igualdad social y entre géneros y más protección de los ecosistemas que sustentan nuestra vida en común”.

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El Frente Amplio se opone al sistema de administradoras de pensiones AFP, vigente en Chile desde 1980

Todo indica que no serán fáciles las discusiones entre el FA y Nueva Mayoría que deberían conducir a un apoyo condicionado a Guillier, quien ya consiguió el respaldo de la democracia cristiana y seguramente sumará los votos obtenidos por Marco Enríquez Ominami. Los frentistas pretenden, entre otras concesiones, que el actual oficialismo se comprometa a garantizar la gratuidad de la enseñanza y decrete el fin de las AFP que están pagando jubilaciones miserables.

Pero Guillier ya ha señalado que no está dispuesto a adoptar el programa de sus adversarios. La determinación, según la periodista Beatriz Sánchez, postulante a la presidencia por el FA, se adoptará después del 29 de noviembre. Hasta entonces, todo puede suceder, porque la heterogeneidad ideológica de la confluencia permite predecir una dura puja interna entre aquellos que no quieren repetir la experiencia de Enríquez Ominami, que en su momento se negó a respaldar a la Concertación y quedó reducido prácticamente a la inexistencia política, y los principistas que no están dispuestos a arriar ninguna bandera en aras del pragmatismo.

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