Las oscuras políticas comerciales de las grandes empresas farmacéuticas y su impacto en la salud humana están provocando firmes reacciones entre médicos, farmacéuticos y científicos que advierten sobre la proliferación de productos inútiles y hasta peligrosos. En Gran Bretaña el ex presidente del Real Colegio de Médicos, Richard Thompson, junto a numerosos colegas han denunciado que el sistema sanitario público no se preocupa por investigar sobre la eficacia de los medicamentos.

Uno de los periodistas especializados que más se ha ocupado del tema, Miguel Jara, sostiene que el derecho de información a la ciudadanía en temas relacionados con su salud es vejado sistemáticamente por la industria y que existe una epidemia de profesionales y pacientes desinformados.

Uno de los factores que ha permitido a los laboratorios maximizar sus beneficios es adquirir las materias primas en los países en vías de desarrollo, donde son más baratas, instalar sus fábricas en aquellos donde los salarios son más bajos y vender los productos donde existe mayor poder adquisitivo. Se estima que el negocio supera en volumen al de la venta de armas y el narcotráfico, ya que cada dólar que se invierte genera una ganancia de mil. El sector se encuentra en constante evolución y se caracteriza por una competencia oligopólica en la que 25 firmas controlan el 50 por ciento del mercado mundial.

Las estrategias que desarrollan para obtener millonarias ganancias son principalmente la gran presión propagandística que desarrollan en los medios de comunicación y entre la comunidad médica, a la que seducen con premios y viajes turísticos encubiertos bajo la forma de “congresos”; la explotación abusiva de las patentes que les otorgan exclusividad en la fabricación de los fármacos, sin que sean tomadas en cuenta las necesidades objetivas de los enfermos ni su capacidad económica; la especialización en supuestos medicamentos “antienvejecimiento” que tienen enorme demanda en los sectores de mayor poder adquisitivo; la supresión de investigaciones sobre enfermedades que afectan a las poblaciones de los países pobres y los precios brutales  de algunos tratamientos como el “Sovaldi” indispensables para combatir los efectos de la Hepatitis C. Por otra parte, la tasa de ganancias de estos oligopolios supera ampliamente a la de los bancos.

Es habitual que, para garantizar sus intereses, coloquen en lugares destacados de los aparatos gubernamentales a funcionarios que responden a sus directivas y que utilicen su inmenso poder de lobby para obtener legislaciones favorables en materia de medicamentos.

Como señala el médico danés Peter C. Godsche, autor del libro “Medicamentos que matan y crimen organizado” -citado por Jara en uno de sus trabajos- el sobrediagnóstico y la sobremedicación en los países occidentales más avanzados están conduciendo a una epidemia soterrada de muertes y graves daños sanitarios, al punto de que se da la paradoja de que el consumo de fármacos con receta es la tercera causa de muerte, detrás de las enfermedades cardíacas y el cáncer.

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