¿Cómo entramos las mujeres en la Historia, ese territorio tan hostil para quienes nos proponemos ser protagonistas? Cierto es que muchas lo lograron en el mundo de la política, de la literatura o de la música. Pero a ninguna le resultó fácil, claro está. Es que no nos quieren ver en ese rol, y, si igualmente lo logramos, buscan que sea siempre a través de algún hombre. Por eso, cada mujer que se rebela y se hace un lugar ahí donde tanto incomodamos, nos representa a todas.

En el mundo de la murga también hay mujeres que hacen historia. En los años 60’, Marta Conde no pidió permiso para entrar en territorio machista, se metió de prepo y se convirtió en una de las primeras mujeres que vio bailar esta Ciudad. Hoy, a casi un  mes de su partida, amigxs, compañerxs, vecinxs y familia reclaman un reconocimiento a la altura de su entrega y aporte al Carnaval: la declaración del Día de la Murguera en honor a su nacimiento, el 16 de septiembre de 1943.

Carnaval es tomar la calle, es libertad, es placer, ¿a quién se le ocurre que pueda participar una mujer? Resistiéndose al mandato que las relegaba únicamente a coser trajes de varón, Marta Conde hizo su revolución.

Marta nació y vivió en Barrio Mitre, en Saavedra, en una familia murguera de pura cepa; los Conde son famosos en ese ámbito por su larga trayectoria. Pero en los sesenta, sin embargo, ni su madre ni sus hermanos la querían dejar salir. “Si ves fotos de la década, ves que no hay mujeres. A Marta hay que destacarla por ese motivo”, explica Daniel Pantera Reyes, director de la famosa murga Los Reyes del Movimiento, donde bailó Marta a lo largo de los últimos 30 años. Su mamá le decía, “la mujer no es para la murga; la mujer tiene que lavar los platos”, cuentan sus hijas, y ella, por suerte, no la escuchó. “No le importaba nada”, afirman, recordando con cariño a su mamá. Marta se mandó sola reivindicando su derecho a disfrutar de su cuerpo al ritmo de los bombos, y arrastró con ella primero a sus amigas, y luego a todos los chicos y chicas del barrio que pudo.

“Ella llevaba a los pibes a todas las murgas. Se hacía cargo hasta que los entregaba a cada uno en su casa”, cuenta su hija Verónica. También les cocinaba e iba siempre en el micro de las “mascotas” (niños murgueros). Cuando salían, preparaba sándwiches para todos.

“Cocinaba como una diosa: puchero todos los lunes y pastas los domingos. Inolvidables sus canelones”, recuerda Verónica. En el barrio Mitre, el hogar de la familia Conde estaba siempre abierto para los amantes del carnaval. Era “la casa de la murga”.

“Le gustaba mucho que viniera gente; siempre un mate, siempre una historia sobre los carnavales de antes para compartir. Tenía ese don de hacerse querer por todo el mundo” cuenta orgullosa su otra hija, Micky.

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Pantera se refiere a Marta como una de esas “ilustres desconocidas” que, entregándose a los compases y sentires de su sangre, ganó para las pibas el derecho al Carnaval. Considera fundamental que salga la ley por el Día de la Murguera como resistencia a cualquier intento de olvidar a esta mujer que, hasta los 72 años -cuando salió en la murga con su nieta Celeste por última vez- bailó, brilló, inspiró y revolucionó murgas y murgueros. “Marta no fue cualquier persona (…) era un libro abierto de murga”, dice Pantera; “era una mujer muy especial” agregan sus hijas; “el fiel reflejo de la alegría del verdadero sentimiento murguero”, la describe Darío, amigo de la familia e integrante de los Reyes del Movimiento. Un espectáculo inolvidable para quienes tuvieron el privilegio de verla moverse delante de los bombos, coinciden todos.

Corrían los turbulentos años ‘60 cuando Marta se llevó puestas las tradiciones y puso patas arriba a Los Curdelas de Saavedra, ingresando gloriosa a la historia del carnaval. Teniendo en cuenta que el ingreso masivo de las mujeres a la murga recién se dio a principios de los ’90, no pasó desapercibida una murguera en ese entonces. Siguen sus pasos cuatro generaciones de mujeres que ya no se quedan bordando cuando los bombos suenan.

Durante su vida recorrió muchas murgas, de distintos barrios. Siempre inquieta, salió en Los Curdelas, Los Elegantes, Los Rompe y Raja, Los Viciosos y Los Ambiciosos pero, su corazón lo ganaron, en el 86 y para siempre, Los Reyes del Movimiento. Ella arrastraba gente, a donde iba la seguían y, si no iba, la venían a buscar de todos lados para que enseñe y transmita su forma única de bailar. “Era una defensora eterna de la alegría, se mataba de risa, se divertía y divertía”, cuentan sus hijas.

Cuando murió, el pasado 17 de agosto, su nieto se ocupó de que se lleve con ella en el cajón su traje de los Reyes. Seguro de que no existía otra forma de despedir a su abuela, le tocó el bombo entre lágrimas, en una ceremonia que emocionó al barrio entero. Todos los vecinos salieron a despedirla y quisieron colaborar con los costos del velorio. Quienes no llegaron a enterarse de la colecta, se ofendieron por no poder hacerlo.

Mujeres en la murga: de adornos a protagonistas

Hay historias individuales que abren caminos colectivos. “Marta fue pionera en enfrentar la barrera del machismo y salir en la murga. Hasta ese momento, las mujeres solo hacían los trajes, los adornos. La murga nace en una sociedad tradicional, es bien machista (…) Por eso creo que las murgueras le tienen que agradecer un poco a Marta Conde por haber tenido coraje de enfrentar la marginación de la familia de ella, no solamente de la sociedad, también de los hermanos, que no la querían dejar salir”, relata Pantera.

La valentía de Marta Conde desafió las costumbres y se contagió ante un movimiento murguero que insistía en seguir siendo un espacio exclusivo de hombres. Demostrando que las cosas podían ser distintas, luego de cada corso en que salía ella, llovían los reclamos de las segregadas de la fiesta callejera. “Una vez tuvimos una murga de Almagro, una de Boedo y nosotros. Y las mujeres de esos barrios le tiraban la bronca a los directores de ellos porque no le daban la participación que nosotros les dábamos”, recuerda orgulloso Pantera. “A partir de ahí ya empezaron a venir los chicos, las chicas. Se hicieron las mascotitas, como decimos nosotros. Las chicas ya nacían murgueras y se quedaron murgueras de grandes. Llegaron a crecer dentro de la murga”.

Cuenta Pantera que, gracias a mujeres rebeldes como Marta Conde, “fue creciendo todo, las mujeres antes no cantaban, tocar el bombo, menos. Y ahora tocan el bombo, cantan, muchas se están poniendo la murga al hombro. Hay mujeres directoras, otras que hacen letras”.  

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Ellas tuvieron que combatir todo tipo de prejuicios, producto de un desconocimiento o un estigma que, lamentablemente, rodean a las murgas porteñas, así como la mayoría de los espacios de dispersión y crítica popular. En general porque se decía que era “cosa de borrachos, de chorros”, pero respecto a las mujeres, la carga era doble: “Se decía que eran todas locas, todas putas”, cuenta Verónica. Pantera coincide: “Nadie sabe qué es la murga, qué hay adentro, se piensa que es todo joda. Y sí, jodemos, pero hay partes que son serias, hay un trabajo social. A mí en lo personal cuando empecé a sacar la murga ni se me cruzó por la cabeza ese trabajo social (…) Empecé a darme cuenta cuando fuimos una vez a la Ciudad de los Niños que llevamos chicos que no conocían (…) Después cuando empezamos a recorrer el país que conocieron montañas, conocieron el mar, bueno ahí nos empezamos a dar cuenta: che, estamos haciendo un trabajo social”.

Pantera señala que esa es la diferencia fundamental que existe con las murgas más nuevas: “Nacen por una necesidad artística, mientras que nosotros nacemos por una necesidad social. La necesidad social de salir a divertirnos un poco. Cuando los Reyes Magos no nos traían juguetes, nos poníamos a jugar a la murga y nos olvidábamos de esa pequeña bronca”. También así lo entiende Verónica: “La murga son las vacaciones de los pobres”. El momento más esperado del año para muchos, llega de la mano de un proyecto que es necesariamente colectivo.

Cuenta Pantera que las mujeres fueron ganándose un lugar, a fuerza de trabajo, enfrentando todo tipo de resistencias, pero que no fue “pensando en el machismo o en el feminismo”, sino más bien un proceso inconsciente producto de la resistencia a una injusticia que se presentaba como natural. “Fue difícil ganarse ese lugar, fueron muchas las críticas por ir en contra de la tradición (…) Ahora hay más mujeres que hombres en la murga. Hoy la mujer toca el bombo, canta. No solamente baila, no es un relleno como antes”, dice el director de los “Reyes”.

Sin embargo, a los hombres les costó reconocer que las mujeres tenían el mismo derecho a participar. Señala Pantera que tuvieron que dar un cambio, que antes opinaban solo los hombres, pero ahora no. “Fue avanzando de a poco hasta que se instaló como algo natural”, explica. Y recuerda que, en los 80, cuando tuvieron la primer mujer bombista –Fabiana Vidal, también de Los Reyes del Movimiento— “ningún hombre le quería enseñar  a una mujer a tocar el bombo”.

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Si bien este proceso empezó en Saavedra hace ya medio siglo, comenta que hay murgas que “recién ahora” están subiendo mujeres al escenario. “Hasta hace 5, 6 años, en muchos lugares la mujer era un relleno. Había chicas pero eran como un adorno. Hacían un desfile, no bailaban como los hombres. Salían pero no participaban en las decisiones. No hablaban cuando se reunían (…) Pasaron de ser adornos a ser protagonistas”, cuenta Daniel.

En el marco de estas “disputas inconscientes” que atraviesan a la murga, Pantera destaca su importancia como trinchera de libertad a la hora de reivindicar la propia identidad y luchar contra los prejuicios de todo tipo. “En la murga importa cómo baila, no si una mujer es gorda o flaca, joven o vieja, sino transmitir un sentimiento a través del cuerpo. Es uno de los lugares más hermosos la murga porque está la igualdad por la que tanto uno pelea”.  Es ahí donde está -para Pantera- la potencia de la murga y, por eso, afirma que no es solo un espectáculo. ”A mí no me gusta que vos digas “qué linda”, a mí me gusta que vos pienses ¿qué carajo es esto? Me transmitieron un montón de cosas y no sé qué carajo es”. Para él, la murga “es más que un sentimiento”.

“En la murga importa cómo baila, no si una mujer es gorda o flaca, joven o vieja, sino transmitir un sentimiento a través del cuerpo. Es uno de los lugares más hermosos la murga porque está la igualdad por la que tanto uno pelea”.

“La murga es un montón de cosas, representar a tu barrio y de sentirte de negro de mierda a decir ‘soy un murguero’, porque más de uno de nosotros sentimos eso. Es algo feo, pero yo siempre digo que hay que tener cuidado con la automarginación, no hay que hacerles el juego a quienes nos marginan. A mí la murga me dio autoestima, y así como me salvó a mí, salvó a muchos pibes. Es muy loco porque la murga te hace eso, de ser el pobre infeliz a ser el murguero, a sentirte rico, todo con brillo y vos atrás de esa ropa con brillo lo que menos ves es la pobreza o los problemas personales que tenga cada murguero. Algo hermoso. Eso es la murga”.  

No caben dudas de que el reclamo por el Día de la Murguera es una demanda a escuchar y acompañar. No solo por el merecido reconocimiento a Marta Conde sino porque expresa, a su vez, una disputa más profunda por la visibilización en la historia de las mujeres populares. Lo que hoy nos parece natural fue producto de una lucha que es necesario levantar y difundir: las batallas del presente se apoyan en todas esas conquistas previas, las conocidas y las que no lo son tanto. El Día de la Murguera recuerda a Marta Conde e inspira a todas aquellas mujeres que, desde el lugar donde están, reivindican su derecho a desear y, desafiando el deber ser, se animan a luchar por sus sueños.

5 COMENTARIOS

  1. Pantera tiene muchos años menos de murga que yo , el dice que recien hace 4 o 5 años que una mujer canta o sube a un escenario, no es asi en los Pecosos de Chacarita donde sali, con mucha gente de Saavedra ya salia de cantante Maria Pedernera y años mas atras salian en los Pecosos muchas mujeres que eran de la villa Minetti ( Colegiales )

  2. Siempre presente tia Martha!! Era tu pasión la murga al igual que mi papá, siempre me decías, Paola baila la murga, y me jodía porque a pesar que vengo de familia de cuna murguera vos sabia bien que a mi no me llama la atención, lo que es murga pero respeto y acompaño a mi hijo que ese si lleva la murga en la sangre como él resto de mi familia!!

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