Un estudio publicado recientemente por la Comisión Económica para América Latina (Cepal), realizado por Miguel Ángel Del Castillo Negrete, investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México (Itam)  y titulado “La distribución y desigualdad de los activos financieros y no financieros en México”, revela que el uno por ciento de la población acumula un ingreso similar al del 95 por ciento de sus compatriotas. Las dos terceras partes de las tierras, empresas, explotaciones mineras y activos financieros, se concentran en el decil más acaudalado de la población, en tanto el 55 por ciento es pobre y uno de cada cinco mexicanos padece hambre.

Para ejemplificar el grado de inequidad a que se ha arribado en los últimos años basta con señalar que si se repartiera el dinero que acumulan las familias más ricas, cada hogar dispondría, en promedio, de unos 900 mil pesos mexicanos, equivalentes a 50 mil dólares. Como contrapartida, el salario mínimo es de unos U$S 4,5, una suma que no alcanza para adquirir los alimentos básicos.

Tres niñas indígenas nahuas en el interior de su casa. México cuenta con tasas de pobreza infantil superiores al 20% segun informe para el desarrollo 2004 de la ONU.
Tres niñas indígenas nahuas en el interior de su casa. México cuenta con tasas de pobreza infantil superiores al 20% segun informe para el desarrollo 2004 de la ONU.

Se estima que en el país hay entre 150 y 200 mil personas que poseen más de un millón de dólares y unas 800 disponen de fortunas mayores a los 50 millones. Esta situación resulta más evidente en el sector financiero, donde apenas 23 mil personas concentran el 80 por ciento de las acciones de la Bolsa Mexicana de Valores. Pero además el patrimonio de los más poderosos crece a un ritmo que casi triplica el de la economía. Entre 2003 y 2014 la riqueza aumentó en promedio el 7,9 por ciento anual, en tanto que el incremento del Producto Bruto Interno fue de 2,6 por ciento.

Esta mayor desigualdad, que resulta más evidente en las zonas urbanas, tiene una explicación simple: la apertura económica que se inició en la década del 90 en busca de inversiones, fundamentalmente en el sector petrolero, que controlaba el Estado. En ese período se vendieron muchas empresas estatales pero –al contrario de lo que sostiene el canon capitalista- esa decisión no supuso el aliento de la competencia. Por el contrario, los nuevos propietarios, entre ellos Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, promovieron prácticas monopólicas u oligopólicas.  

Un dato contundente aportado por la investigación indica que el rendimiento de las inversiones fue del 15 por ciento anual, pero el salario aumentó solo el cuatro por ciento durante el lapso del estudio. “Es otra explicación de la paradoja mexicana  -declaró Fuentes Nieva a BBC Mundo- la economía del país crece poco, el nivel de pobreza se mantiene igual pero unos cuantos incrementan su fortuna cada año. En el país se aplicó un nuevo modelo económico pero sin cambiar el sistema político y empresarial, dominado por unos cuantos grupos”.

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