Es curioso que quienes acusan al “populismo” y a “cierta izquierda” de no apelar a equilibrados análisis y valerse de discursos panfletarios para defender el proceso venezolano, recurran a expresiones como “autoritarismo caótico”, “degradación moral del bolivarianismo” y otras tan profundas como las citadas para definir una coyuntura indudablemente compleja. Es tan torpe atribuir todas las dificultades a la presión imperialista o al sabotaje económico –que inciden fuertemente, sin duda- como pretender que el gobierno de Nicolás Maduro se sostiene solo por el apoyo de “los militares que forman parte de esquemas de corrupción institucionalizados que incluyen acceso a dólares al tipo de cambio oficial (para luego cambiarlos en el mercado paralelo con gigantescas ganancias) o el contrabando de gasolina o de otros bienes lícitos y posiblemente ilícitos” o es respaldado en las urnas solo por “la enorme presión estatal sobre los empleados públicos y quienes reciben diversos bienes sociales mediante el Carné de la Patria”.

El colega Pablo Stefanoni acaba de hacerlo en una nota titulada “El retroceso nacional-estalinista” -publicada en el órgano de la socialdemocracia latinoamericana “Nueva Sociedad” y reproducida por el sitio español Rebelion.org- amparándose en la visión amablemente crítica del pensador británico Bertrand Russell respecto de la revolución bolchevique de 1917, sin mencionar que se trata de un intelectual con notoria influencia anarquista, que desde esa perspectiva señala los peligros de la acumulación de poder y “los riesgos de construir una nueva religión de Estado”, conceptos que al experto le vienen como anillo al dedo para aplicarlos a la realidad venezolana. Pero hay más aun, pese a sus intentos de diferenciarse de la derecha guarimbista, Stefanoni atribuye al gobierno venezolano toda la responsabilidad por el desabastecimiento y la “violencia urbana descontrolada”.

Firme con las simplificaciones, Stefanoni, enemigo acérrimo de los slogans, caracteriza como “nacional-stalinistas” a quienes defienden -no siempre acríticamente- al gobierno de Maduro, en una fatal combinación de “retórica inflada, escasísimo análisis  político y social”, un “binarismo empobrecedor” y otra pizca de “retórica staliniana”. Todo muy creativo y científico. El implacable analista parece incurrir en demasía cuando señala: “El nacional-estalinismo es una especie de populismo de minorías que gobierna como si estuviera resistiendo en la oposición. Por eso gobierna mal”.  Y sin temor a abundar en expresiones grandilocuentes, sentencia al “sandinismo tardío y el neochavismo”.

Ahora bien, ¿en nombre de qué alternativa? Claro que no de “la parodia setentista” ni del “neoautoritarismo decadente” (¿no será mucho?). La salida del laberinto, según Stefanoni, sería –ojo, que esto si es original y creativo- “articular socialismo y democracia” con una salida pactada que debe incluir, menos mal, “una defensa de los derechos económicos populares”.

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