No hace falta desempolvar archivos demasiado viejos para comprobar que en plena campaña electoral previa a las elecciones presidenciales de 2015, los principales referentes de la Alianza Cambiemos que hoy nos gobierna destacaba, como ninguna otra, la política del kirchnerismo en materia de Ciencia y Tecnología. Tanto es así que en sus mensajes al electorado, el propio presidente Mauricio Macri reconocía el rumbo adoptado en materia de investigación científica como uno de los pocos, sino el único, logro de los 12 años de administración K. Y se comprometía a mantener ese rumbo e incluso fortalecerlo duplicando el presupuesto.

Macri Ciencia

Sin embargo, tal como pasó con muchas otras promesas de campaña, una vez en el poder a partir del 10 de diciembre de 2015 el macrismo tomó un rumbo diametralmente opuesto al que prometía en sus discursos, spots y redes sociales para seducir al electorado.

Empezó en el 2016 con un recorte en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) que dejó afuera a más del 60% de los/las científicos/as que entraban a la carrera de investigador en este organismo. Ver cifras exactas abajo*. 

La decisión llevó en diciembre de ese mismo año a que los y las afectadas iniciaran un plan de lucha con la toma del Ministerio de Ciencia y Técnica, la famosa “navidad en el CONICET”, con una gran convocatoria y repercusión en los medios. La derecha no se quedó atrás e intento sabotear la toma del Ministerio con una campaña de desprestigio a las investigaciones científicas en las redes sociales. Macri justificó los despidos argumentando que el ingreso a CONICET  “se había vuelto demasiado fácil en los últimos años”.

Toma en el Ministerio de Ciencia y Tecnología
Toma en el Ministerio de Ciencia y Tecnología

La toma del CONICET finalizó con el acuerdo de una mesa de seguimiento entre gremios y el ministro de Ciencia y Técnica Lino Barañao. Durante este 2017 Barañao aseguró desconocer el acuerdo firmado con su puño y letra. Así como funcionarios declararon que el ministerio no cuenta con fondos para garantizar la reinserción de los/las científicos/as en el CONICET ni en otros ámbitos.

Además de que el conflicto generado en el 2016 todavía no se solucionó, el ajuste se profundizó en lo que va de este año con la privatización del futuro satélite ARSAT-3, la transferencia del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MinCyT), el cierre de una parte del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y aún menos presupuesto que en el 2016.

Días atrás, se filtró un documento secreto que deja en evidencia la privatización del satélite ARSAT-3, a través de la firma de un acuerdo entre la empresa ARSAT y la compañía norteamericana Hughes. Este proyecto plantea que la firma norteamericana poseería al menos el 51% de la compañía -es decir, la mayoría accionaria-, además de comerciar y manejar los servicios de comunicaciones de banda ancha satelital que proveerá el satélite. El nombre del satélite por construirse podría no ser ARSAT-3, se ocuparía la órbita correspondiente a la Argentina y en caso de disputa legal el ámbito de resolución serían los tribunales de Nueva York.

El  9 de junio, con la firma presidencial, se transfirieron al Ministerio de Educación y Deportes veintiún Academias Nacionales de Ciencia que se encontraban bajo la órbita del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MinCyT). ¡Sí! Así de descabellado como lo están leyendo: academias de Ciencia al Ministerio de Educación y Deportes. La decisión dejó en manos de funcionarios de estas áreas ajenas a la ciencia la responsabilidad sobre decisiones científicas, dando así el primer paso para la disolución y desmantelamiento del MinCyT.

protesta-comunidad-cientifica-ciencia-1920

Sumando perlitas, hace pocos días ocurrió un hecho inédito en 60 años, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) cerró sus puertas, impidiendo el ingreso a 2100 trabajadores, los cuales denunciaban malversación de fondos, persecución sindical y el pase a planta permanente del 80% del personal. Ese mismísimo día las fuerzas represivas del Estado, con la irrupción de la Policía Federal, realizaron un operativo de intimidación a grupos de científicos, organizaciones y gremios que realizaban una ocupación pacífica del MinCyT para reclamar en contra de la precarización científica. Esta última medida de intimidación no hace nada más que recordar viejas épocas como la noche del 66 y los bastones largos en exactas.

Para ponerle un moño al ajuste científico, en los últimos meses, el directorio del CONICET viene discutiendo un nuevo Plan Estratégico en el que se delinean los objetivos para las políticas de desarrollo científico-tecnológico de los próximos años. Este plan incluye, entre otras cosas, una vinculación directa con el sector privado y una brutal reducción de presupuesto, sin dejar de mencionar que la Ley de Presupuesto 2017 contemplaba un recorte del 32,5% en el presupuesto para Ciencia, Tecnología e Innovación.

La falta de presupuesto se traduce en falta de becas y subsidios para la investigación científica. La falta de trabajo y futuro para los jóvenes científicos argentinos genera sin lugar a dudas una nueva “fuga de cerebros”, como en los 90, los 70, cuando se escuchaban las famosas frases: “vayan a lavar platos”, o a “manejar taxis”.

La migración de científicos argentinos, la falta de soberanía, así como la falta de producción científica nacional harán que el país sea conducido a un modelo de ciencia “falsa” , dependiente de políticas e intereses externos y no propios, haciendo una ciencia ajena y desinteresada de las problemáticas del pueblo Argentino.

Perjudicando el desarrollo científico-tecnológico argentino, en una época en la cual este tipo de desarrollo es fundamental para el crecimiento y desarrollo de un país, jamás se podrá avanzar hacia un pueblo soberano y una sociedad más justa e igualitaria.

Como no es de sorprender, la ciencia argentina es uno de los tantos caballitos de batalla que tiene este gobierno nacional en su plan neoliberal para conducir a la Argentina a un modelo de colonia dependiente del exterior.


*Quedaron afuera del CONICET 1141 científicos, de los cuales 532 (46,6%) pertenecen al área de las Ciencias Sociales y Humanidades, y el resto a: Ciencias Agrarias, de Ingeniería y de Materiales; Ciencias Biológicas y de la Salud; Ciencias Exactas y Naturales. De los 532 de Ciencias Sociales y Humanidades que no ingresaron, 124 pertenecen a Sociología, Comunicación Social y Demografía (23,3%); 92 a Historia, Geografía, Antropología Social y Cultural (17,2%); 70 a Literatura, Lingüística y Semiótica (13,1%); 64 a Psicología y Ciencias de la Educación (12%); 62 a Derecho, Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales (11,6%); 51 a Filosofía (9,5%); 45 a Arqueología y Antropología Biológica (8,4%); y 24 a Economía, Ciencias de la Gestión y de la Administración Pública (4,5%). 
Del total de los postulantes (1141 rechazados + 385 aceptados = 1526), 874 (57,2%) fueron recomendados por las comisiones evaluadoras de sus áreas, mientras solo 385 (44% de los recomendados y 25,2% de los postulantes) ingresaron a la Carrera del Investigador Científico (convocatoria general). Es decir que 489 científicos (56% de los recomendados) fueron virtualmente despedidos del CONICET, a pesar de su buen desempeño (según los parámetros del mismo CONICET) luego de 7 años en el organismo (en el caso de los posdoctorales, que son casi todos, aunque hay un porcentaje que tienen beca aún vigente).

DEJÁ TU COMENTARIO