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¿A quien incomoda el pasado?

El registro que las sociedades construyen sobre su recorrido como pueblo posee diversos ángulos desde donde el historiador puede observar. Desde abajo, desde arriba, desde la izquierda, desde la derecha y desde la multiplicidad de combinaciones ideológicas que permita la memoria colectiva. No es igual el relato construido desde las esferas del Estado a las divergencias que recorren las altas Casas de Estudio; los historiadores silvestres, en su afán por reconstruir episodios de nuestra historia reciente, también hacen lo propio y ofrecen otro punto cardinal para el armado de narraciones históricas. Sin embargo, el campo de batalla es uno solo y allí chocan, se enfrentan y se articulan los relatos y los programas políticos, una verdad de perogrullo que debe nombrarse. En el escenario de disputa, si el presente las convoca, las clases vuelven a luchar. Regresan los héroes, los excluidos, las mujeres y los mártires. Vuelven a nacer y morir los Felipe Vallese, los Rodolfo Walsh, los sin nombre que cayeron en la Plaza de Mayo en el invierno de 1955. Del mismo modo, es importante señalar: las operaciones que realizamos desde el presente nacen en el pasado y se oxigenan con los debates contemporáneos; la partera de la historia vuelve a violentarse mientras arroja nuevos ángulos desde donde sentarse a observar.

Hace 60 años, en la Argentina, el peronismo -movimiento político proscrito por la dictadura autodenominada “Revolución Libertadora”- llamó a votar en blanco frente al proyecto de reforma constitucional que impulsaba la dictadura de Aramburu y logró 2.115. 861 votos sobre 8.703.322 votos emitidos. Fueron décadas donde los gobiernos democráticos caían y las dictaduras asomaban sin poder desequilibrar la correlación de fuerzas; conclusión: paridad hegemónica entre los proyectos políticos en pugna. Ni uno ni otro lograba vencer o vetar a su adversario. Sin embargo, en los empates, también existen momentos de desequilibrio que alteran el escenario, como cuando una jugada maradoneana define un partido de fútbol. Estas “acciones desequilibrantes” dan como resultado una inclinación favorable para algunas de las fuerzas sociales en tensión.

Desde el año 55 hasta el año 73, un gran tablero de ajedrez funcionó como metáfora política del proceso. La lucha por el centro, el movimiento de los caballos y el dinamismo de los alfiles fueron imágenes asemejables a los actores políticos del momento. El paisaje: un estratega en el exterior, un comando táctico en el suelo nacional, un gordo con bigotes que escribe cartas febriles a su jefe y un protagonista principal: los trabajadores.

ajedrez 2

El hilo clasista de la historia recorre las páginas del pasado argentino y organiza el análisis de los momentos álgidos de la lucha social y política. Sin embargo, la clase dominante con el poder de hegemonizar culturalmente las narraciones patrias, hace, rehace y deshace estrategias para ocultar los proyectos en pugna de nuestra historia reciente. Del mismo modo, reduce a cascarones vacíos y a frases raquíticas -sin ligazón con el presente- a las figuras y a las efemérides de nuestra identidad: “El golpe del 55 fue contra una tiranía”, “existieron dos demonios”, “en algo andaban”, “desbordes demagógicos”, “tirano prófugo” y tantas otras denominaciones que eluden la anatomía de los procesos históricos, como así también, las rupturas, continuidades y similitudes que existen entre los distintos capítulos que componen nuestra identidad. Es entonces que, resulta indispensable, seguir el hilo clasista de la historia -fuerte e invisible como filamento de tanza-  para alumbrar nuevos escenarios e interrogantes: ¿Contra quién fue el golpe de 1955? ¿Qué buscaba erradicar la Revolución Libertadora con la reforma constitucional de 1957?  

Caracterización de la Fusiladora: aspectos políticos y económicos

Nuestra partida de ajedrez comienza en septiembre de 1955 con un movimiento tajante al tablero, se borran las partidas anteriores y las fichas vuelven a su lugar inicial. El día 16 del mes primaveral, el sector más conservador del ejército argentino, encabezado por Eduardo Lonardi, dio un golpe de Estado al gobierno democrático de Juan Perón. Aliado a la jerarquía eclesiástica y la oligarquía vernácula, el régimen instaurado luego del derrocamiento se planteó, como principal objetivo, extirpar de la sociedad cualquier elemento relacionado al proyecto peronista. Las piezas blancas pretendían dejar sin “rey” a las piezas negras con una estrategia particular: borrar las reglas del juego y mover las piezas al libre albedrío.

Aliado a la jerarquía eclesiástica y la oligarquía vernácula, el régimen instaurado luego del derrocamiento se planteó, como principal objetivo, extirpar de la sociedad cualquier elemento relacionado al proyecto peronista.

Para llevar a cabo la política dictatorial,  la represión, la censura, el avasallamiento de las instituciones, la manipulación de los medios de comunicación y la persecución política resultaron algunas de las herramientas de las que se valió dicha casta militar para golpear a la sociedad en su conjunto y, especialmente, para liquidar muchas de las conquistas logradas por la clase trabajadora en gobiernos anteriores.

Libertadora - Aramburu y Rojas
El vicepresidente almirante Isaac Rojas y el presidente teniente general Pedro Eugenio Aramburu, al momento de la asunción el 13 de noviembre de 1955.

La estrategia ajedrecística estaba en marcha. Era el comienzo del juego, se iniciaba la autodenominada “Revolución Libertadora” o como fue bautizada popularmente “La Fusiladora”. El Golpe de septiembre había sido letal y contundente; y saldó una feroz contienda entre sectores de la clase dominante, enfrentamiento que no tuvo un claro ganador pero que sí terminó por polarizar a la sociedad argentina. Pero, más allá del éxito en el desplazamiento de la cúpula peronista del gobierno nacional, el debate social no había sido liquidado.


La opinión de María Bielli, candidata a legisladora por Unidad Porteña

Maria Bielli pre candidata a Legisladora

“El golpe que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955 representó los intereses de un proyecto de país que tuvo y tiene sus reediciones a lo largo de la historia. Transferir la riqueza nacional al sector agrario, atar el desarrollo industrial del país a la intervención de potencias extranjeras fueron los mecanismos más utilizados para obtener riqueza. Para esto fue y es necesario, la disminución del consumo interno, la baja en el precio de la mano de obra y la persecución al movimiento sindical organizado. 

Ante cada avanzada de la clase trabajadora, que permitiera trastocar, así fuera tímidamente, la estructura de los sectores concentrados de poder, ahí estuvieron los gobiernos liberales para impedir estas modificaciones y recuperar del peligro sus privilegios. Mostraron con fusilamientos, proscripciones, encarcelamientos, torturas, desapariciones, hasta donde podían llegar para mantener sus beneficios.

Fueron ellos, además, quienes relataron y escribieron la historia en libros y manuales, poniendo luz y sombra a su antojo, administrando recuerdos y olvidos.

Con matices, el proyecto se reinventa, esta vez encarnado en cuadros orgánicos de la derecha, pertenecientes a las familias, históricamente egresados de las usinas del pensamiento neoliberal, hoy, ceos de empresas que responden a intereses foráneos y se benefician con este modelo de concentración e injusticias. 

Estos proyectos siempre tuvieron su correlato en Latinoamérica. Brasil representa hoy el modelo a seguir de flexibilización laboral y persecución política. Modelos de “bastones largos e ideas cortas”. Proyectos que necesitan que no creamos en la utopía colectiva. Por eso estigmatizan a la militancia, encarcelan ilegalmente a Milagro Sala y reprimen a los y las trabajadoras, pilares de la batalla por erradicar el sentido liberal que aun impera en la sociedad argentina”.


¿Que hacemos con el peronismo?

Con el Golpe, el presidente Perón partió al exilio con rumbo al Paraguay y pocos meses después, Pedro Eugenio Aramburu, reemplazó a Lonardi. A los golpistas solo los unía el odio al presidente depuesto, discrepaban fuertemente en el proyecto económico y político que le esperaba a la Argentina en esta nueva etapa. El enroque de un militar por el otro no fue casual y demuestra las divergencias hacia dentro de la “coalición política golpista”. Lonardi solo se mantuvo dos meses en el poder y llegado el mes de noviembre de 1955, el sector más liberal y antiperonista del Ejército se quedo con el mando del Ejecutivo Nacional.

Clarin Lonardi

Lonardi La nación
Los diarios Clarín y La Nación reflejaron en sus páginas su total apoyo a “La Fusiladora”

Lonardi representaba al grupo de “Nacionalistas”, conformado por militares provenientes del nacionalismo católico, que buscan la conciliación con algunos sectores políticos y sindicales del peronismo, siempre y cuando aceptasen distanciarse de la figura de Perón. Este sector fue desplazado rápidamente del ruedo político por el grupo de “Liberales”, representado por el vicepresidente, el almirante Isaac Rojas, con una línea política mucho más dura, la cual  proponía una visión sumamente negativa acerca del peronismo, afirmaba que el movimiento nacional desvió al país de su tradicional línea histórica liberal y democrática, e instaló en su lugar una tiranía de tipo fascista, sostenida mediante la manipulación y el engaño al movimiento obrero. Este sector se mantendrá en el poder con la figura de Aramburu a la cabeza hasta el año 1958.

La  tarea de la etapa: desperonizar

La “coalición política golpista” no solo se valía de cuadros militares sino que contaba con el apoyo de varias fuerzas políticas. Radicales unionistas, intransigentes, sectores del comunismo y los principales dirigentes del socialismo dieron su apoyo explícito al golpe, incluso, desde mucho antes de que este se concretara. A pocos días de asumir el poder, el sector de los “liberales” llama a dichos partidos para que formen parte de las Juntas Consultivas.

Si bien varios dirigentes radicales y socialistas participan en un principio de las Juntas Consultivas, pronto, líderes políticos como Alfredo Palacios y Alicia Moreau de Justo deciden separar su imagen de la del gobierno militar, asumiendo una distancia crítica.

La “Junta Consultiva Nacional” es una iniciativa del vicepresidente Rojas, destinada a buscar apoyo y legitimidad política para la dictadura, y de paso, limitar el accionar del sector nacionalista del gobierno. Si bien varios dirigentes radicales y socialistas participan en un principio de las Juntas Consultivas, pronto, líderes políticos como Alfredo Palacios y Alicia Moreau de Justo deciden separar su imagen de la del gobierno militar, asumiendo una distancia crítica.

Palacios y Moreau de Justo
Alfredo Palacios y Alicia Moreau de Justo militaban en el Partido Socialista, que sufrió rupturas internas por las distintas posiciones sobre qué tipo de apoyo dar a la “Revolución Libertadora”.

En el mismo tablero pero con fichas de color diferentes encontramos a los sectores recientemente empoderados, los cuales se encontraban en una situación ambivalente: integrarse o resistir. Con el fin de generar canales de diálogo con los sectores sindicales, el sector nacionalista de la “Fusiladora” decide no intervenir la CGT, a la vez que designa en el Ministerio de Trabajo al abogado laboralista Luis Cerruti Costa, asesor legal de varios sindicatos peronistas. Mientras que el ala “blanda” del gobierno intenta negociar con los líderes de la CGT, comandos civiles armados, integrados por jóvenes radicales y socialistas, atacan los locales del peronismo. Los antagonismos de clase eran cada vez más evidentes y las internas hacia dentro de la nueva “coalición política golpista” más evidentes.

Como ya hemos dicho, la estrategia conciliadora lonardista fue efímera. La idea de depurar al peronismo de sus cuadros “corruptos” y convivir políticamente con el resto, fundamentalmente con el sindicalismo, fue sospechada por sus no pocos rivales políticos, de inspiración nacionalista y por ende de corte fascistizante. La pretensión de manejar la transición “apartidariamente” se transformó en un ensayo de des-peronización y otorgó a los partidos (afines) el lugar que reclamaban.

La idea de depurar al peronismo de sus cuadros “corruptos” y convivir políticamente con el resto, fundamentalmente con el sindicalismo, fue sospechada por sus no pocos rivales políticos, de inspiración nacionalista y por ende de corte fascistizante

Las políticas implementadas por Pedro Eugenio Aramburu e Isaac F. Rojas provocaron realineamientos dentro del heterogéneo consenso que había tenido la “Fusiladora” y éstos se perfilaron más nítidamente a raíz de la represión a que fuera sometido el peronismo, luego del fracasado intento restaurador, encabezado por el general J .J. Valle y secundado por Tanco y Cogomo, en junio de 1956.

Así, la proscripción del peronismo y las prácticas represivas ejecutadas sobre el mismo no produjeron la esperada “desperonización” de los partidarios del ex-presidente. La respuesta beligerante a la “Fusiladora” puso en evidencia la persistencia de la identidad peronista y de una estructura orgánica que la sostenía y la direccionaba; por otro lado, condujo a la profundización de los antagonismos políticos que atravesaban la sociedad argentina.

FUSILADOS-
El general Juan José Valle encabezó una fallida sublevación cívico-militar contra la dictadura. Fue fusilado por orden de Aramburu, junto a otras personas que adhirieron al levantamiento.

El programa del tirano prófugo

La respuesta beligerante del nuevo gobierno tuvo varios episodios, desde violentos hasta recursos parlamentarios. Intentando borrar de la historia al General exiliado, sus esfuerzos no hacían otra cosa que atacar al pueblo argentino. Argentina ingresó al recientemente creado Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. Se realizó y se finalizó una buena cantidad de obra pública, como, por ejemplo, la Usina de San Nicolás, en 1957. El episodio más violento fue el 25 de mayo, cuando agentes secretos con órdenes directas de la dictadura militar intentaron asesinar a Perón en Caracas.

Argentina ingresó al recientemente creado Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial

Pero sin duda alguna, el acto más importante del gobierno -y que más esfuerzo le llevó- fue la derogación de la Constitución Nacional de 1949. El gobierno de los “libertadores” realizó el llamado a elecciones para la reforma de la carta magna, que algunos políticos consideraron una “parodia”, o sea una prueba para saber cuál sería el comportamiento electoral del peronismo.

Dos caballos radicales

Un cuadrado blanco al lado de otro negro, piezas que no se mueven a ningún lado. El centro del tablero en igualdad de condiciones. Los adversarios miden la correlación de fuerzas en los flancos y tanto la UCRI como la UCRP se despliegan a un lado  y a otro del escenario. Juega Perón y mueve a Frondizi; juega Aramburu y mueve a Balbín. Ninguno de los contrincantes puede infligir una lesión estratégica sobre el otro. Próximo movimiento: las elecciones del 28 de julio de 1957.

La Libertadora busca soluciones políticas en un co-gobierno con algún sector del radicalismo que permita continuar el proceso de desperonización de la Argentina. Los resultados de las elecciones van permitir tener un elegido. Sin embargo, la clase trabajadora peronista es la vencedora en las urnas. El movimiento obrero gana las elecciones pero no consigue una victoria política. En los ojos de Aramburu, la foto electoral mide la correlación de fuerzas con su adversario.

Tres movimientos para una estrategia

Primer movimiento

El 12 de abril de 1957, Pedro Eugenio Aramburu, utilizando sus poderes revolucionarios, emite el decreto 3838 que declara la necesidad de reformar la Constitución Nacional de 1949 y, para ello, convoca a elecciones para el 28 de julio de 1957 que permitan elegir una Convención Constituyente que se reúna en la Ciudad de Santa Fe. Nuevamente, se prohíbe la participación de Partido peronista.

VotoEnBlanco
La Revolución Libertadora sufrió una dura derrota en las urnas, tras proscribir al peronismo. Un total de 2.119.147 votos fueron en blanco, el 25 por ciento del padrón.

Segundo Movimiento

El estratega llama a votar blanco para deslegitimar la representación del arco opositor. En orden de votación, el segundo lugar le corresponde a la UCRP (Unión Cívica Radical del Pueblo)  y el tercero a la UCRI (Unión Cívica Radical Intransigente). Las piezas del tablero:

Elecciones para constituyentes de 1957
Partido Votos % Bancas
Total 8.703.322 100 205
En blanco 2.115.861 24,31
Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) 2.106.524 24,20 75
Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) l.847.603 21,23 77
Partido Socialista (PS) 525.721 6,01 12
Partido Demócrata Cristiano (PDC) 420.606 4,83 8
Partido Demócrata (PD) 333.749 ,83 7
Partido Demócrata Progresista (PDP) 263.805 3,03 5
Partido Comunista (PC) 228.821 2,63 3
Unión Federal (UF) 159.177 1,83 1
Partido Laborista (PL) 93.172 1,07 3
Partido Cívico Independiente (PCI) 86.441 0,99 1
Partido Conservador* 76.976 0,88 1
Partido de los Trabajadores (PT) 58.312 0,67 1
Partido Liberal de Corrientes* 47.862 0,55 2
Demócrata Autonomista Conservador Popular (Corrientes) 40.269 0,46 1
UCR-Bloquista (San Juan) 30.461 0,35 2
Partido Demócrata Conservador Popular (Chaco, Jujuy y Tucumán)* 25.036 0,28 1
Partido Demócrata Liberal (San Luis y Tucumán)* 24.206 0,28 2
Unión Provincial (Salta)* 11.265 0,13 1
Partido Demócrata Conservador Popular/Partido Demócrata (Catamarca)* 9.689 0,11 1
Fuentes: La Nación, Melon Pirro. Edgardo Manara.
* Estos partidos provinciales, identificados con el conservadorismo, formaron en la Convención el Bloque Demócrata de Centro, totalizando 8 bancas.

Solo la UCRI, PL, PT y la UF se opusieron a la reforma.

Tercer Movimiento

El 23 de setiembre de 1957 se aprueban las modificaciones constitucionales y se declara la vigencia de la Consititución de 1853. Las reformas y la derogación de la Carta Magna peronista dejan sin efecto los siguientes artículos:

  • El derecho de reunión (Art. 26)
  • La prohibición de discriminar por raza (Art. 28)
  • Los derechos del trabajador (Art. 37, I)
  • La igualdad jurídica de hombre y mujer en el matrimonio (Art. 37, II)
  • El bien de familia (Art. 37, II)
  • La patria potestad compartida (Art. 37, II)
  • Los derechos de la ancianidad (Art. 37, III)
  • La educación primaria obligatoria y gratuita (Art. 37, IV)
  • La autonomía universitaria (Art. 37, IV)
  • La función social de la propiedad (Art. 38)
  • La estatización del comercio exterior (Art. 40)
  • La nacionalización de los recursos mineros y energéticos (Art. 40)
  • La estatización de los servicios públicos (Art. 40)
  • El voto directo (Art. 42, 47 y 82)


La opinión de Carolina Brandariz, candidata a legisladora por Unidad Porteña

Carolina Brandariz Pre candidata a Legisladora

La filosofía política de la Constitución del 49′ tiene completa vigencia. Frente a la perversidad del modelo de la meritocracia, del emprendedurismo, del fin de los proyectos

colectivos, es de suma importancia la reivindicación de aquella herramienta, que plasmó constitucionalmente la idea de una comunidad organizada para garantizar la justicia social, el bienestar económico del conjunto del pueblo, la identidad cultural de la Nación.

La Constitución del 49′ reconoció la propiedad privada dejando en claro que la misma decía ser compatible con el bien común, nacionalizó el comercio exterior, planteó la idea de que la producción de riqueza debe estar al servicio del bienestar del pueblo. Se estableció un procedimiento de nacionalización de los servicios públicos, y, como es conocido, se declaró la “propiedad imprescriptible e inalienable de la Nación” de las fuentes de energía. Y se consagró el derecho al trabajo, la educación y la cultura del pueblo trabajador.

Es una Constitución con un profundo espíritu humanista; un texto constitucional que, además, cree profundamente en el Estado como regulador del espacio común, de la vida de todos, y como igualador de oportunidades.

La “Fusiladora”, al derogar la Constitución del 49′, tenía un programa político claro, que es en definitiva el mismo que tuvo el golpe militar del 76′ y que tan bien describe Walsh en su carta abierta a la junta militar.

El modelo que nos traen los gobiernos del coloniaje, que desde los 90′ llamamos “neoliberales”, lo conocemos bien, lo hemos visto en diversos pasajes de nuestra historia: desregulación de la economía, destrucción del tejido social, desmantelamiento productivo, endeudamiento externo, conservadurismo político y cultural.

De un lado el proyecto de la comunidad organizada, del otro el proyecto cultural del sálvese quien pueda.

Cuando un secretario de empleo dice que tener o no tener trabajo debiera ser como comer o descomer, o un ministro de educación dice que hay que formar ciudadanos que disfruten de vivir en la incertidumbre, en realidad están expresando la ideología que en doscientos años de historia desplegaron las clases oligárquicas en nuestro país.


Sin tablas ni jaque mate

El enfrentamiento abierto entre dos proyectos de país, luego del Golpe de Estado de 1955, puso de manifiesto los centros neurálgicos de cada propuesta política. Por un lado, los lineamientos nacionales que posibilitaron convertir en derechos sociales las reivindicaciones laborales que, desde fines del siglo XIX, anarquistas y socialistas proclamaban para la clase obrera. Por otro lado, las orientaciones programáticas que buscaban regresar al modelo liberal para aumentar la tasa de ganancia del  bloque dominante y quitar poder político al movimiento obrero organizado. Mientras el sector dominante infligía derrotas tácticas al proyecto nacional, el peronismo impugnaba los distintos gobiernos y, en determinadas ocasiones, jugaba un rol de desempate entre las fuerzas políticas que buscaban sucederlo en el ejecutivo. En el trienio que abarca desde 1955 a 1958 ninguna de las dos fuerzas logró trasformar las batallas ganadas en victorias estratégicas. Es decir, mientras en las urnas ganaba la directiva de Perón, también, se derogaba la carta magna del 49 y con ella se iban las conquistas sociales del conjunto del pueblo trabajador. Con el doctor Frondizi en el gobierno y el Partido Militar como co-conductor de los destinos de la patria, otro será el escenario- “Toca repensar los movimientos”, escribe en una carta, el jefe y amigo de John William Cooke.

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