La semana pasada en declaraciones a la FM Rock & Pop, Ricardo Iorio volvió a dar opiniones sobre asuntos nada relacionados con la música (salvo en su crítica sobre La Renga…y hasta ahí) solamente para dar cuenta de su “excesiva sinceridad”. En este caso en particular comentó sobre los nietos de desaparecidos diciendo que eran un “puñado de indemnizados por Montoneros”, hizo una invectiva a favor de la guerra y al uso de las armas para “no pedirle piedad a un ‘gorrita cumbia villera’ (sic) que venga a manosearte a tu familia”, como además de darle un carácter genético a los ladrones diciendo: “Chorro se nace: eso es hereditario”.

No es la primera vez que Ricardo Iorio plantea este tipo de declaraciones. Es más, me animaría a decir que el histórico bajista y compositor de V8, Hermética y Almafuerte siempre pensó de esa manera. La única diferencia es que estas declaraciones a veces son festejadas. Y ese es el problema. Alejandro Dolina hablando sobre las malas palabras hacia el año 2014 en su programa “La venganza será terrible”, dijo algo que puede ajustarse perfectamente a este asunto. Citemos: “Cuando hay una clase de personas que necesitan de lo sencillo, necesitan casi vengarse de la complejidad porque no la poseen, que necesitan una cierta violencia como la es que ejerce la mala palabra para expresar su odio, su resentimiento, sus pasiones (en el peor de los sentidos), sienten que eso es un instrumento. Y cuando oye que ese instrumento está siendo utilizado en los medios de comunicación, ¿qué es lo que dice?: ‘Por fin alguien que dice las cosas tal como yo quisiera decirlas’, es decir, sencillas, sin pretensiones de verdad y además llenas de resentimiento y de odio”.

Un ejemplo de este tipo de personas es Baby Etchecopar, un admirado justamente de Ricardo Iorio.

Pretender que una persona como Ricardo Iorio esté a la altura de sus mejores letras artísticas a la hora de declarar sobre cuestiones tan sensibles a la sociedad argentina es caer deliberadamente en un error, salvo que esa sea la intención del periodista, la de provocar al entrevistado con el simple fin de que los medios repitan lo que dijo. Desde hace unos años, con la profusión de las entrevistas que le realizó Beto Casella, la figura de Ricardo Iorio creció a pasos agigantados, y muchas de sus declaraciones terminaron derivando a su persona (no a su música) como parte del consumo irónico. En un artículo escrito hace pocas semanas, Pablo Marchetti recuerda que cuando era chico le preguntó a su padre por qué miraba a Bernardo Neudstadt si no le gustaba: “Para putearlo”, fue su respuesta. Con Ricardo Iorio, los métodos son parecidos, pero su respuesta es distinta: lo miran porque creen que es “bizarro”. Aún no termino de entender qué características comprende lo “bizarro”: puede pasar por varias formas, desde escuchar a Sergio Denis, a mirar películas japonesas de los 60, o bien escuchar a Iorio y hacerse remeras con sus frases. El tema es cuando ese ícono bizarro termina haciendo declaraciones realmente agresivas. Suele justificarse esos dichos diciendo que Iorio es “excesivamente verbal”, “no tiene pelos en la lengua”, etc., pero pocos medios condenan esos dichos diciendo que Ricardo Iorio está equivocado. Solo dicen “polémicas declaraciones”, o para mostrar un tibio compromiso escriben “Ricardo Iorio se fue de boca”.

¿Hay que censurar a Ricardo Iorio? Por supuesto que no, pero hay que hacerles saber a los que apoyan este tipo de declaraciones que lo que se dice no es así. No es una cuestión de “grietas” o de ideologías. Ricardo Iorio apoya a dictadores, apoya a carapintadas, apoya la pena de muerte, es machista y antisemita. Los medios son responsables directos de este tipo de declaraciones, no por el hecho de saber a quién entrevistan sino por la pésima disposición de repreguntar o incluso de condenar lo que dice su entrevistado.

La historia en general se ha sorprendido en varias ocasiones de las declaraciones conservadoras de artistas supuestamente progresistas: ¿Cómo congeniar ese artista sublime con lo anacrónico y el poco seso de sus declaraciones? Louis Ferdinand Celine, William Faulkner, Jorge Luis Borges, Ezra Pound, Martin Heidegger, Leopoldo Lugones, y una larga fila de nombres ilustradísimos de la literatura, por citar un género en particular, muestra a hombres decididamente conservadores por fuera de la pluma. No pretendo con esto ubicar a Iorio a la altura de Pound, pero sí llamar la atención de aquellos que defienden o justifican las declaraciones del bajista como parte de su personalidad. No. No es así. En este caso la obra de un artista (o al menos la mayoría de sus obras) se aleja realmente de su repudiable personalidad. No pretender condenarlo por esa misma obra es caer en un error. Justificar lo que dice por su condición de “bizarro” es caer en otro error.

2 COMENTARIOS

  1. Comparto buena parte de lo que dice la nota, porque este Iorio facho y psicótico, no me gusta.

    Pero como aclaro ESTE Iorio, quiere decir que no comparto la siguiente oración que mandás, para mi aventureramente: “Es más, me animaría a decir que el histórico bajista y compositor de V8, Hermética y Almafuerte siempre pensó de esa manera”.

    Usás el potencial, porque no lo podés asegurar. Y hacés bien.

    En lo único que Iorio fue siempre igual, es en su personalidad mesiánica y “baja línea”. Siempre fue un gran monologador que trataba de convencerte de lo que él pensaba. Pero el contenido de lo que pensaba, desde V8 a Almafuerte y ahora en este “pos” Almafuerte… .vaya que cambió.

    Y ni hace falta que cuente anécdotas.
    Con el solo esfuerzo de buscar viejos reportajes, alcanza.

    Y remarco lo que remarco, porque lo que surge de tu frase, es que V8 y Hermética fueron una mentira. Y que la verdadera obra de Iorio, sería la actual, cuyas letras coinciden con este personaje lastimoso.
    Y no, Julián. La verdad que no.
    Te quedás en el Iorio decrépito de Casella, al que celebran personas que lo conocieron recién ahí y que en su puta vida escucharon a V8.

    Pd: Sabes quien soy, y te mando mi opinión por acá también.

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